viernes, 8 de mayo de 2009

Tantas veces Miguel Ruiz Effio.

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Fue el 28 de noviembre del 2005 cuando a tavés de un correo electrónico conocí a Miguel Ruiz Effio, joven narrador quien se presentaba con su primer libro, tentando la posibilidad de ser editado por mi sello. Un conjunto de 11 cuentos bajo el sugerente titulo: LA HABITACIÓN DEL SUICIDA, título que de por sí fue mi primera sorpresa: su contundencia no me dejó espacio para alguna sugerencia, todo lo contrario, casi le pido opiniones respecto a algunos títulos que estaba editando. Yo tenía noticias sobre Miguel, su nombre me trasmitía a concursos de narrativa, no me confundí, cuando llegué al final de su solicitud, leo los títulos de los cuentos, 6 de ellos habían sido premiados en diversos certámenes, copio:
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SALA DE ESPERA: Tercer puesto en el Concurso de Cuento de los VI Juegos Florales y Deportivos del Centro de Extensión Universitaria y Proyección Social de la Facultad de Educación, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1998). Apareció publicado en el libro Maldito Amor mío-Cuentos y relatos de amor, de Javier Arévalo y Lucila Pereira compiladores (Lima, 2002).
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UNA VENGANZA: Tercer lugar en los III Juegos Florales Universitarios de la Universidad Ricardo Palma (1999), Mención de Finalista-Premio Adobe Juvenil de la Primera edición de Premios Adobe de Literatura (1999), Mención Honrosa en el Tercer Concurso de Cuento CEAPAZ (1999). Apareció publicado en la Antología Un Estudio de Caso y otros Cuentos: Ganadores del Tercer Concurso de Cuento 1999, Instituto de Desarrollo Juvenil CEAPAZ (Lima, 2000).
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DERECHOS DE AUTOR: Mención de Finalista en la XII Bienal de Cuento Premio Copé 2002, de Petroperú. Apareció publicado en el libro Guitarra de Palisandro y los Cuentos Ganadores y Finalistas de la XII Bienal de Cuento Premio Copé 2002, Ediciones Copé (Lima, 2005).
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RECONCILIACIÓN: Segundo lugar en los VII Juegos Florales Universitarios de la Universidad Ricardo Palma-Género Cuento (2003). Apareció publicado en el libro Encuentro de Escritores Nuevos de la Universidad Científica del Sur (Lima, 2004).
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EL ÚLTIMO REFUGIO: Segundo lugar en el Tercer Concurso de Cuento 2004 de la Asociación Cristiana de Jóvenes del Perú.
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LA HABITACIÓN DEL SUICIDA: Mención Honrosa en la Primera Bienal de Cuentos Mario Vargas Llosa 2003 de la Universidad Nacional San Agustín (Arequipa).
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Lo interesante fue descubrir que este joven escritor, sobre quien sospeché que había egresado de alguna facultad de letras, tenía formación de administrador, carrera que estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Nos reunimos algunos días después, me entrega un disco, no hablamos mucho, mejor dicho, él no habló mucho, recordé una lista de escritores parcos, "es el suicida de la habitación" pensé, y lo despedí allí, en Huiracocha con la avenida Cuba, en Jesús María. Ansioso por leer los textos de su primer libro. Lo normal es que mi ojo de editor esté atento para el error de construcción o la falla ortográfica, y corregir, ese es mi trabajo, o sugerir qué textos sobran, con La habitación del suicida, tampoco sucedió eso, todo lo contrario, y esto se lo he dicho a Miguel en más de una ocasión, cuando leí sus cuentos, me reconocí en sus personajes, la mayoría antihéroes, enamorados eternos, prisioneros de una imagen que jamás retornaría, me pegué tanto a las historias que recordé los míos (hasta ese momento pensé que estaban listos), los miré con nostalgia y confirmé que aún les faltaba mucho para considerarlos publicables, han pasado cuatro años y aún no me atrevo a publicarlos; fue el "efecto suicida".
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El libro salió en otoño del 2006, Miguel ahora es uno de mis mejores amigos, entre patas no es tan parco, habla, y bastante (también baila salsa), sigue escribiendo, después de La habitación del suicida, fue antologado en las colecciones de cuentos DISIDENTES (Revuelta Editores), de Gabriel Ruiz Ortega, y en NACIMOS PARA PERDER de Gabriel Rimachi Sialer (Editorial Casatomada), el año pasado obtuvo el primer puesto en el Concurso de Cuentos organizado por la Municipalidad de La Victoria, que tuvo como jurado al gran Oswaldo Reynoso y al recordado fundador de Los Reyes Rojos, maestro Constantino Carvallo, con Dos pájaros, un tiro, excelente historia que nos devuelve a escena a este escritor desatado y fascinante, en acertada definición de Eduardo González Viaña. Cuando sus compañeros de ruta estábamos todavía celebrando su última victoria, nos informa, después de reunirnos sospechosamente en el Superba, con una botella de vino al centro de la mesa, que tres de sus trabajos resultaron finalistas en la última versión, ahora internacional, del Premio Copé de Cuento, entre más de mil participantes; por supuesto, Antonio Moretti, Gabriel Rimachi, Luis Espejo, y yo, nos levantamos para abrazarlo emocionados, felices y orgullosos de tenerlo como amigo, como hermano, como cómplice.
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Sé que Miguel es un hombre al que no le gusta el ruido mediático, estoy seguro, sin embargo, que él es uno de nuestros más importantes narradores, como su editor, celebro mi culpa como puente entre la oscuridad de su talento y las letras de molde que le permitieron a esta ciudad conocer su primer libro. Mientras tanto, planeamos otro crimen.
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miércoles, 29 de abril de 2009

El grito lanzallamas de Oscar Saavedra Villarroel. A propósito de Tecnopacha (Zignos, 2008)

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Antes de leer un libro, suelo abrirlo al azar para ver si pese a ello en la página que lo detengo hay un verso o una frase que me mueva. Aplico la misma operación a todos, si no choco con ese verso o esa frase, lo cierro y olvido que reposa en alguno de los estantes de mi biblioteca. Supongo que es un defecto adquirido gracias a mi vicio por el juego. Cuando se trata de envíos de mis amigos, de libros inéditos que generosamente me confian, sucede casi lo mismo, avanzo con el cursor hasta el centro o el final, nunca me quedo en el inicio, y lo detengo ansioso para ver si aparece esa frase o ese verso. No es un hábito recomendable, menos si quien intenta aplicarlo pretende ser editor; yo me arriesgo. Ocurre que mis búsquedas no necesitan razones, sé lo que quiero leer, sé hasta dónde puedo acercarme con un libro.
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Ahora que la poesía comprometida, social o política es escasa, y lo publicado son estornudos bílicos (no bélicos), en su mayoría prosa, de escritores que se declaran radicales, y que los espacios por donde transitan se infectan con posiciones ideológicas de la peor izquierda (a veces ni eso), es casi un milagro encontrarse con un hallazgo como este: Les dije: tomen nomás. Yo pago hasta la corrupción. / Les regalé el poema capitalista; / les dije: ése es el poema del mundo. Se trata de TECNOPACHA (Editorial Zignos, 2008), el primer libro de poemas de Oscar Saavedra Villarroel (Santiago de Chile, 1977).
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TECNOPACHA es el primer volumen de un proyecto escritural político totalizante al que Oscar ha denominado dOPING hISTÓRICO, constituido por cinco libros cuyos nombres prometen: ESPUNKAS y PAISCIDIO, por citar a dos de ellos. Chile, que goza de una de las más vigorosas literaturas, tiene en poetas como De Rokha, Parra, Rojas, Millán y Zurita los referentes de la última poesía que novísimos como Diego Ramírez; Pablo Paredes, Rodrigo Gómez y Héctor Hernández, están escribiendo. Citaba con ellos una línea que hace suyo el discurso comprometido, se trata de escritores que no callan pese al filo de los sables con el que destajan sus ansias por otro modo de convivencia. No huyen a lo social, lo toman; no se refugian en sus dramas internos, los dotan de una lengua colectiva. Algo que en Perú no se lee desde la década de los noventa. Pasando por Romualdo, Valcárcel, Scorza, el primer Cisneros, Hinostroza, Hora Zero, kloaka y Neón.
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La pregunta es qué ha pasado para que en nuestro país no hallemos un solo verso de la última promoción de escritores que se duela del hedor que ha invadido nuestra escena y que por supuesto salpica a todos los estratos. Alberto Alarcón, el genial poeta piurano exige en uno de sus poemarios, que aún mantiene inédito: Haz de tu grito un lanzallamas. Señala el sitio de la podredumbre. Yo he tenido que ir hasta Santiago a escuchar el sonido de ese lanzallamas: Supe que la identidad no era sino un puñado de polvo / que casi era imposible soñar y escribir con las manos atadas por el aire.
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Hay poesía en nuestro país, poesía de primerísima factura, pero supongo que si bien hemos tenido nuestros muertos en la guerra contra los terroristas que se levantaron en nombre de Marx y Mao, ni siquiera la década siniestra de Alberto Fujimori ha sido suficiente baño de sangre para dolernos e involucrarnos en proyectos que trasciendan lo exclusivamente literario.
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En la última promoción de poetas chilenos la escritura política es casi su eje; desde posiciones homoeróticas como la poesía de Diego Ramírez hasta la casi militante (o activista) de Pablo Paredes, donde acaso eso que las cruza es el tono niño/fiera, niño/autista (pienso en La Ciudad Lucía de Paula Ilabaca) que perturba a cualquier ojo ávido por la sorpresa y el desgarro, o Grasa de Gómez, impecable manifiesto contra el vértigo y el tedio de los habitantes de la urbe.
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Me tiraron piedras cuando depositaron sus tarjetas en mi bolso. / Me tiraron corazones cuando les mostré una AFP / y lo que podrían hacer con sus dineros. / Me volvieron a tirar piedras cuando les dije: la solución está en la cabeza. / Me tiraron corazones cuando llegó la ambulancia / financiada por privados. Con esta crueldad que linda con lo irónico, Oscar Saavedra nos ubica frente a una cartografía sobre la que nos perdemos hasta chocar con nuestro propio reflejo.
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"Lo que TECNOPACHA busca en tanto libro, es la consecución del poema capitalista que como tópico aparece una y otra vez entre sus versos. La ironía está en que pese a su feroz crítica contra el Capital, nuestro poeta parece ser el único capaz de lograr ese poema. Y esa es la gran contradicción que siempre entraña la buena poesía." Señala Róger Santiváñez en el prólogo del libro.
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Sin ánimo de pontificar, estoy convencido que este libro es el primer documento que asume la lengua de esta Latinoamérica desgarrada y ansiosa que dice al fin lo exacto, a diferencia de otros intentos que se pierden con la piroctecnia de la retórica efectista. Por eso TECNOPACHA es un libro fundacional, con él recuperamos al poeta épico, al artista como crítico de su contexto. Derepente me metí en la fundación INTI que decía llamarse así / por ser los creadores de las vanguardias / y pregunté por las becas que nacían de los muertos. / Tienes que enviar un plan, una estrategia, me dijeron tan Gabys. / Agarré mi tan apreciado portafolios y lo vacié sobre sus venas mesas. / Les dije: tengo el talento quebrado de los sueños. / Sal de aquí Mapocho, me gritaron, sal de aquí pendejo oxigenado./ Y me marché como todo un indio oropelado, un neandertal / a las puertas del subdesarrollo.
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TECNOPACHA tiene la virtud de conmovernos, nada queda en el aire, todo se pronuncia como un himno ancestral que hemos venido repitiendo silenciosamente desde siempre, por eso aquí la boca, su boca, se levanta como un fakir para lanzarlo como un graffiti posmo sobre la ciudad incendiada, sobre la ruta andes por donde acabo de circular al leer por quinta vez este maravilloso informe. Supongo que ni Oscar ni yo imaginamos ese lejano 2006, en Santiago de Chile, que nuestras literaturas iban a cruzarse, supongo que tampoco imaginó confiarme el primer volumen de su dOPING hISTÓRICO, yo empecé a seguirle la pista cuando editamos ANOMALÍAS (2006), ahora que tengo en mi poder PACHAS, el segundo volumen de su proyecto, confirmo, una vez más, el vigor de aquellos libros escritos con ese vino rojo que reclamaba Nietzsche.
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martes, 20 de enero de 2009

DESIERTO, ROCÍO Y SILENCIO

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Presentación para Bagual de Felipe Becerra,
en el marco del encuentro de poesía RIESGO PAÍS 2008,
realizado en diciembre en la ciudad de Valdivia.
(Bagual, de Felipe Becerra Calderón
Editorial Zignos, Lima, Perú, 2008)
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Por Marcos Arcaya Pizarro

“El mundo de la madre es como un chiste rarísimo,
¿cierto? Pero ese chiste también es de dolor y de locura
y de un miedo que no se aguanta”.
Bagual, Felipe Becerra.

En este breve itinerario, seguiré principalmente las ideas de Leopoldo María Panero de su ensayo “Sade o la imposibilidad”, en relación directa y oblicua con Bagual, este primer libro de Felipe Becerra Calderón que, debo confesar, he leído con pasión ya varias veces. Hechas estas aclaraciones paso a comentar.

En la película Hell Boy 2: el ejército dorado (2008), mientras se desarrolla una escena de acción, un aparente niño pequeño es cargado por su (también aparente) padre-demonio. El héroe rojo lo calma para que no se asuste, acto seguido el aparente púber le advierte que no es un niño, sino un tumor. Así como en Hell Boy 2 este “niño” imposible, ya citando a Panero, “rompe con la ley de la reciprocidad que incluye todo vínculo social”, en Bagual la locura de la madre descrita en la voz-tumor de los niños que no vivieron allí en 1980, que no vivieron en ningún pueblo ni en ningún desierto, subraya el asomo a la desaparición de todo lo narrado: “si nos escuchan decir cosas, no nos crean, eso no es verdad” nos dicen, justo antes de dar cuenta de cómo Rocío “se fue oscureciendo” hasta su “noche negra negra”.

Exceso en la voces de estos niños-monstruo nonatos concebidos por un ángel-monstruo (Rocío/rocío en el desierto), exceso subrayado por la austeridad del desierto, austeridad plagada de excedentes, de imposibles: espejismos, violencia y la nada, donde esta voz-tumor va también alucinando, superando el desierto y lo narrado en él, desnaturalizando lo real, el relato mismo. Así y todo el relato es relato y se constituye bajo la forma de un libro llamado Bagual, el relato existe en el lugar inexistente de la escritura, que es el habla que enmascara “la muerte por lo que todo existe” dice Panero. Estos niños-monstruo, sus voces, sus visiones, sus mentiras (su escritura), en tanto sueño de Rocío, en tanto escritura, en tanto alucinación febril son todavía permisibles.

Mientras el ritual secreto de Molina es la obsesión por registrarlo todo en su libro de guardia, como trinchera ante esa mancha, aquello que presiente y lo atemoriza, que en “un principio semejaba la silueta de insectos enormes”. Un acto de fe en el “triángulo de la ley”(Panero) basado en la sintaxis escrita, en ese hilito “que sirve a los hombres de sustituto, de cordón para asegurarse, sin lo cual no gozan, que la vieja madre está siempre tras ellos, mirándolos hacer falo”(Cixous). Ella, Rocío, vaga hacia lo imposible, no de otra escritura como querría Elene Cixous, sino al desborde en el ayuno (“el declive” como ella lo nombra, “la podredumbre” como ellos le llaman). El resabio de fe de Rocío son las voces de sus niños (sus fantasmas), violencia contra sí intento desesperado por levantar el vínculo perdido con el “Otro real”, como intento radical (porque no hay nada que perder) de superación de la violencia, de la muerte, “un gesto que, porque hace añicos el núcleo mismo de nuestra identidad, no puede aparecer sino como extremadamente violento” (Zizek, S).

Carlos y Rocío, desvinculados entre sí, renuncian al despropósito, porque el apenas resabio de fe desaparece ante el destino que es uno, ante el tormento que es uno. Carlos se rinde, espera a la mancha que “era un niño, de siete a ocho años, de la mano de un perro erguido sobre sus patas traseras”. Carlos se rinde, se deja llevar por el perro que canta en su locura que es también la de Rocío, lo que ella elige.

El temor que siente Rocío al mundo circundante, al modo aprendido de ser en él, se trocará en la renuncia a todo orden, desorden en ese (aparente) orden de violencia y muerte. Rocío será ahora quien ríe, el temor en los otros, el advenimiento de su locura, lo realmente imposible: el silencio, donde el cordón-hilito de la escritura no es lugar donde guarecerse, porque no hay lugar donde guarecerse en el silencio. Cito casi el final de Bagual:

“El silencio aquí es lo que más duele. Y tú lo sabes, madre. Por eso dinos cualquier cosa. Dinos al menos que tu lengua se ha hecho un nudo, Dinos que estás muda o muerta y que no quieres escucharnos. Pero dinos algo ahora, una palabra que alimente nuestra sangre, nuestra sangre que la ahoga este cordón y se nos pone más y más amoratada”.

(La Ligua, región de Valparaíso, Chile, 1979)

martes, 13 de enero de 2009

Fotos de la presentación de DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR de CALO

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El jueves 8 de enero se realizó la presentación de la primera novela de Carlos Martín Campos Aboado, Calo, en el Jazz Zone de Miraflores. Fue un lleno total, participaron como comentaristas Gabriel Rimachi Sialer, director de la editorial Casatomada y Harold Alva Viale, fundador de editorial Zignos. En la moderación se inauguró nuestra flamante directora: Flor Béjar Bustamante. Fue una noche emotiva a la que asistieron amigos, escritores, los padres de Calo, su esposa Úrsula y Roxana, su cuñada, ambas, personajes de su novela. DESPERTANDO AL LEÓN DE SUR, una primera obra que ha partido con el pie derecho. El jueves muchos de sus amigos se enteraron por el Diario Expreso y asistieron, otros se la perdieron y se lamentaron cuando vieron el libro en Cuarto Poder. El 8 de enero la noche limeña volvió a refrescarse con una nueva obra, compartimos el registro de lo que fue el despertar del león. Escuchen el rugido.
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Afiche de promoción en la puerta de ingreso al Jazz Zone.

Harold Alva, compartiendo sus apreciaciones sobre esta nueva carrera.
Gabriel Rimachi, desmenuzando capítulo por capítulo, ha prometido públicamente correr hacia León Dormido este verano. Hagan sus apuestas. Calo en el micrófono. Úrsula, su esposa, feliz al frente lo miraba hipnotizada. Calo, leyendo un capítulo de DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR. Rimachi, atento.
Harold, de pie en el micrófono, antes de levantar su copa para brindar por este regreso.
Nuestro autor, rodeado de sus hinchas quienes hicieron cola para llevarse un autógrafo. Calo firmando autógrafos. Firmó varias decenas de libros. Nosotros le preguntamos si le dio calambre, él jura que no.

El grupo en pleno, Florcita después de anunciar lo que vendría en la noche, Harold, Miguel Ruiz Effio, el autor de La habitación del suicida, Calo, abrazando a Úrsula, su esposa; Roxana, personaje cómplice de la ruta del león y, Gabriel Rimachi Sialer.

lunes, 12 de enero de 2009

NO VALES UNA BALA de MICHAEL JIMÉNEZ MELCHOR

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Siempre puede entrar un alma más allí donde no hay ninguna esperanza. O derramarse una lágrima en el colmado océano de la pérdida irresoluble del amor. Llegar a él es la travesía que todos los marinos y capitanes evitan, hasta que es imposible hacerlo. Si alguna vez han deambulado afantasmados, como cuerpos sin alma; si, en alguna época de sus vidas, han sollozado por el amor perdido, estos poemas son imprescindiblemente suyos. Léanlos: es un pasaje de ida solamente. Recorran la ruta sin retorno hacia esa caleta de náufragos y aparecidos, al mar de las voluntades quebradas como los palos mayores luego de un combate. Vívanlos. Quizás así recuperen esa parte de sus personas que se fue con el ser amado. No sean más asilados insomnes en el reino del olvido: ganen su derecho de ciudadanía, como este poeta transido por la desolación ha ganado el suyo con estos textos, que estas breves palabras presentan.

Héctor Ñaupari
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Es fácil encontrar en estos versos la presencia de una musa real/imaginaria que hace padecer al escritor, lo somete y lo consuela, transmutando este ejercicio al lector quien sin ir muy lejos puede encontrar al vagabundo de pantalones sin bolsillos o a la muchacha que ya no pasa por su casa, en un abrir y cerrar de ojos, en el voltear de las hojas. Michael comparte situaciones similares, situaciones que nos vuelven semejantes, por lo cual no será difícil asumir estos textos como nuestros, que encajen cómodamente en nuestra ropa y en nuestra piel será inevitable.

Karina Valcárcel
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Michael Alberto Jiménez Melchor. Lima 1981. Además de criar gatos, escribe para no darle gusto a la tristeza. Radica en Villa el Salvador, esquina desde donde nos ataca con sus versos y reseñas a través de su bitácora:

http://www.angelesdelpapel.blogspot.com .

No vales una bala es su primera publicación.

lunes, 5 de enero de 2009

Jueves 8 de enero: DESPIERTA EL LEÓN

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EDITORIAL ZIGNOS lo invita a la presentación de la novela DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR, primera obra de Carlos Martín Campos Aboado (Calo). Los comentarios estarán a cargo de los escritores Harold Alva, director fundador de Editorial Zignos y Gabriel Rimachi Sialer, director de Editorial Casatomada. Modera: Flor Béjar Bustamente, directora de Zignos. Dicho acto se realizará el jueves 8 de enero de, presente en las instalaciones del Jazz Zone, ubicado en Av. La Paz 656, Altos, Miraflores. Lima. A horas 7:00 p.m. Lo esperamos.
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Carlos Martín Campos Aboado (Calo). Lima, 1969. Ingeniero, egresado de la Universidad Particular Ricardo Palma. Ha trabajado en Perú, durante 15 años, en empresas de la industria de las telecomunicaciones. Desarrolló su interés por escribir desde sus épocas universitarias, a través de sus diarios personales mientras hacía campamentos, excursiones y viajes al interior o exterior del país. Fue piloto privado del Aeroclub de Collique (Lima), donde también practicó el paracaidismo. Es corredor aficionado a las carreras de fondo (maratones). Desde la práctica de esta actividad, nace Despertando al León del Sur, su primera novela.

sábado, 27 de diciembre de 2008

LA PRIMERA NOVELA DEL ALGO QUE SE TERMINA

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Presentación de Bagual (Lima: Zignos, 2008)
de Felipe Becerra Calderón
Por Héctor Hernández Montecinos
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Recuerdo el momento exacto que leí por primera vez esta novela, la fecha la olvidé, entonces debiera decir que no es el momento exacto sino que la sensación absolutamente desoladora que me provocó su lectura. Y esto fue lo que escribí aquella vez:
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“Si se inventara un género literario paralelo al de la ciencia ficción sería justamente el que inaugura Bagual de Felipe Becerra Calderón, puesto que aquí no se busca resolver una incógnita, una equis, como lo haría el método científico, sino que justamente la propone a modo de territorio escindido y cuerpo espectral. Ni Comala, ni el suelo marciano de Bradbury me habían parecido tan escalofriantes como ahora, luego de leer esta novela, pues ya sabíamos que en el norte de Chile, quizá en todos los nortes del mundo, cosas extrañas suceden, desapariciones y apariciones, guerras imaginarias, tráfico de lo impensable, pero todo eso no había tomado un cuerpo literario tan extremadamente bien descrito, con una prosa finísima, certera y la creación de un imaginario, un mundo completo de cabezas con la soltura y delicadeza como la de esta novela. Todos nuestros miedos aquí están retratados como hace mucho tiempo un escritor de poco más de veinte años no nos había sorprendido. ¿Será esta la primera novela de una novísima generación de narradores chilenos? Lo más probable es que sí, y no son los Bolañitos, como algunos críticos de mala fe querrán ver o como muchos de los sobrevalorados narradores actuales que se cuelgan del anecdotario bolañesco, sino que justamente estas nuevas escrituras releen de Chile a Emar, Droguett y lo más poético de Donoso y Eltit, y de afuera a Osvaldo Lamborghini, Oswaldo Reynoso, Reinaldo Arenas, entre muchos otros, pero con un paisaje escritural delirante y maravilloso que nuevamente la narrativa de hoy podría volver al ejercicio y oficio de su escritura como lenguaje de sí y no al aprovechamiento con que las ráfagas del mercado y las transnacionales editoriales han querido aprovechar con la celebración de novelitas de poco voltaje, simplonas, rastreras, típicas, cobardes y sobretodo humilladas literaria y éticamente por las escrituras de la disidencia neoliberal como esta”
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La leí en un día, y escribí las líneas anteriores. No pude soltarla, ella no me pudo soltar a mí, ninguno de sus personajes me dejó continuar lo que tenía que seguir haciendo. Soñé con la novela, y quizá confunda mi sueño con la propia novela. Se me ocurre que eso sólo lo pueda lograr una obra de la envergadura de Bagual de Felipe Becerra, escrita alrededor de sus veinte años. Este autor más que merecidamente premiado construye un libro que no me da miedo situar como lo primero de algo que aún no sé muy bien lo que es.
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Decir que cada obra deslumbrante es un nuevo género es acá un lugar común, pero definitivamente lo es. No tengo en la memoria haber leído una novela así escrita por alguien tan joven. Sólo me queda seguir confirmando que esta nueva generación de poetas y algunos narradores post2000 traen un nuevo aire y una nueva distancia con respecto al mismo quehacer literario.
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La miseria de la narrativa chilena postdictadura queda aquí ejemplificada hasta un nivel en que se confunde la vergüenza ajena y el furor de estar frente a un texto que no sólo logra una escritura impecable, sino que además pone en tensión la tan de moda ciencia ficción chilensis, en la cual muchos han visto un nuevo nicho del mercado editorial.
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Con esto no quiero encasillar a Bagual, ni siquiera me atrevería a exponerla como novela, sino que como el género en sí mismo que es la ficción. Así, sin más. Ficción que tanto Felipe como yo sabemos es un intermezzo para que la escritura cobre vida y nos narre el grado cero de su desaparición.
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Dividida en 20 apartados, Bagual comienza con un arácnido coro de voces abortadas desde el infierno mismo que es haber perdido la esperanza, y es desde allí que empieza a construirse a Roció, imagen fantasmal de una inquieta mujer que cruzará su vida con Carlos Molina, el joven teniente de Carabineros trasladado a Huara en el norte chileno. Allí una serie de hechos comenzarán a inquietar a los personajes como a quien lee, pues en ese desierto, límite entre la civilización y la nada, el delirio interior se convertirá en un nuevo paisaje que esta vez será un límite entre la barbarie y el devenir animal de quienes allí viven.
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Uno de los ejes de la narración es el hecho de que Rocío aprende a manejar y se desplaza en ese limbo, en ese bestiario sicológico de cada uno de los personajes que poco a poco van apareciendo. Luego, una película que ven es el detonante para que ese viaje se torne hacia dentro de sí. “El Planeta Rojo” era el nombre del filme, y es en esta proyección en que los mundos se trastocan y ya no se sabe que es el allá y el acá.
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No adelantaré más de la historia porque a algunas personas les gusta irse asombrando con los sucesos, pues creen que existe la progresión. Yo insisto, en especial, con este tipo de obras que el final y el principio son meras casualidades, y que todo lo que en literatura se dice existió, existe o existirá.
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No quiero dejar de decir otra vez la profunda conmoción que me produjo este libro, más bien una especie de desconcierto ante una ficción brillantemente construida desde sus territorios, sus diálogos, sus desvíos y desvaríos. Felipe Becerra se pone a la cabeza de algo, no sé de qué, pero eso lo responderán mañana nuestros antepasados lectores.
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Ciudad de México, noviembre de 2008.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Presentación de BAGUAL de FBC

Ignacio Muñoz Cristi, poeta y videasta chileno, conduce un programa de Tv Internet: "La Belleza de No Pensar" del Movimiento Lúdico Films. Una Meta-Antología y etnografía audiovisual que hace rato dejó de ser solo del circuito poético de Chile. Su ojo es el culpable del registro de casi todas las lecturas de poetas novíssimos y consagrados en su portal, como en youtube, ahora su frecuencia presenta a Felipe Becerra Calderón, nuestro autor de Bagual, en plena lectura. Disfrutémoslo. Gracias MC.
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lunes, 1 de diciembre de 2008

VIERNES 5: PRESENTACIÓN DE BAGUAL, PRIMERA NOVELA DE FELIPE BECERRA CALDERÓN

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El día VIERNES 5 de diciembre a las 19:30 hrs. en el Bar Thelonious ubicado en Bombero Núñez #336 (Bellavista – Santiago de Chile) se llevará a cabo la presentación de novela Bagual de Felipe Becerra Calderón. Los comentarios estarán a cargo de: Patricia Espinosa, Rodrigo Morales y Héctor Hernández (desde México DF).
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El libro estará a $5000, precio de lanzamiento
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(Favor asistir desnudo o borrar esta invitación.)
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Felipe Becerra Calderón: (Viña del mar, Chile, 1985) estudia licenciatura en letras en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha participado en el taller de novela de Jaime Collyer, en el taller de poesía de Héctor Hernández Montecinos y el taller de cuento de Alejandra Costamagna. Ha obtenido el Primer Premio en el Concurso de Creación Literaria Joven “Roberto Bolaño” en las categorías de Cuento y de Novela 2006 y la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en la Categoría Novela 2008. Ha participado en variados encuentros de poesía joven como Violento Sur, Bonsái, Perros Héroes, Riesgo País, Autores de Noche y Sur Itinerante. Forma parte del Colectivo apuntes/ amputes.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

En la ruta del LEÓN DEL SUR

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La semana pasada terminamos de editar DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR de CALO (Carlos Martín Campos Aboado), una novela para atletas, para tentar una carrera a quienes disfrutan corriendo. Calo es ingeniero, sin embargo, gracias a este deporte sacó al escritor que vivía consigo y ahora nos presenta este testimonio que hará meditar a quienes lo lean, a quienes encuentren en sus páginas la ruta que en su interior todavía permanece como una travesía inédita. Y como editar un libro no termina con recogerlos del taller, esta semana empezamos con el segundo paso: la distribución, lo chévere estuvo en que no salimos solos, sinó acompañados por Úrsula, la esposa de Calo y Roxana, su cuñada, personajes principales de su novela, entonces si editar un libro, sin conocer físicamente al escritor (Calo reside en París), por las buenas energías en la conversación vía correo, te hace sentir bien; distribuirlo acompañado por sus personajes es una sensación indescriptible. Los que quieran correr estos kilómetros, DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR, ya está en las siguientes librerías: Commentarios, del centro de Lima, jr. Ica, La Casa Verde y El Virrey, de Dasso, Crisol, Época y Fondo de Cultura Económica del óvalo Gutiérrez, en todas las Zeta Bookstore de Lima, Ksa Tomada, Av. Conquistadores (San Isidro), e Íbero de Diagonal (Berlín), Miraflores. A las pruebas me remito.
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Úrsula Bello, esposa de Calo, con Flor Béjar Bustamante, Directora de Zignos. En El Virrey de Miguel Dasso.
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Úrsula y Florcita en Crisol, del óvalo Gutiérrez.

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Úrsula y Roxana (escribe poesía) en Ksa Tomada.

Fotos: Harold Ava

lunes, 17 de noviembre de 2008

La gira de TECNOPACHA (Editorial Zignos, 2008) del poeta Andesground OSCAR SAAVEDRA VILLARROEL (Santiago de Chile, 1976)

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TECNOPACHA, el primer poemario del poeta Oscar Saavedra Villarroel, forma parte de su proyecto dOPING hISTÓRICO, compuesto por cinco volúmenes, que será publicado peródicamente por nuestro sello editorial, ha viajado sobre su caballo moto (Saavedra dixit), en una gira por descentralizar la cultura en Chile, consecuente con su posición de poeta andesground, Oscar está sellando con este libro comprometido, una travesía que estamos seguros abre nuevas puertas en el panorama de la poesía latinoamericana última.
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Nuestro poeta en la feria del libro de Santiago de Chile.
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Milton Leiva, uno de los más entusiastas promotores de Tecnopacha, reposando junto al poemario en plena travesía.
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El poeta Oscar Saavedra, en una de las primeras presentaciones de su libro, como quien demuestra que más allá del golpe, los poetas también guardan lugar para la risa.
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Aquí una joven posando sonriente con Oscar.
.En firma de autógrafos.

. Presentación de Tecnopacha en la Universidad de Concepción.

. Greta Montero presentando TECNOPACHA en la Universidad de Concepción.

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Cristián Lagos en el Centro Cultural El Artefacto.

. En trance poético, en el Centro Cultural El Artefacto.

. TECNOPACHA en el Festival de Yungay. (Chile)

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sábado, 15 de noviembre de 2008

DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR de CALO

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Carlos Martín Campos Aboado (Calo). Lima, 1969. Ingeniero, egresado de la Universidad Particular Ricardo Palma. Ha trabajado en Perú, durante 15 años, en empresas de la industria de las telecomunicaciones. Desarrolló su interés por escribir desde sus épocas universitarias, a través de sus diarios personales mientras hacía campamentos, excursiones y viajes al interior o exterior del país. Fue piloto privado del Aeroclub de Collique (Lima), donde también practicó el paracaidismo. Es corredor aficionado a las carreras de fondo (maratones). Desde la práctica de esta actividad, nace Despertando al León del Sur, su primera novela.
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Un lector busca encontrarse en toda historia, es inconsciente, siempre es así. Cuando inicié mi carrera sobre los kilómetros de DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR, no intuí cuán certero sería el mensaje, las pistas, las señales que harían de este acto una especie de meditación para reencontrarme conmigo. Puedo afirmar que se trató del libro necesario y correcto en el momento adecuado. Ahora, recorridos sus sesenta kilómetros, aprendido el lenguaje de los pájaros marinos –con el que inicia y termina la narración– confirmo que la literatura no descansará nunca en su afán por conducirnos, más allá de la intención de los autores, por una ruta que, como aquí, estará ligada al deseo de alcanzar una meta. La vida finalmente es eso: un objetivo cuyo sentido radica en trascenderla para derrotar a la muerte. Estoy seguro que aquellos que se atrevan a despertar al león del sur, acudirán a ese kilómetro 20 de donde partió Calo para, por qué no, escribir su propia historia.

Harold Alva

viernes, 14 de noviembre de 2008

Tecnopacha y la memoria degradada

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Greta A. Montero Barra
(Presentación de Tecnopacha -Editorial Zignos, 2008- Universidad de Concepción)
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“Los personajes del cyberpunk clásico son seres marginados, alejados, solitarios, que viven al margen de la sociedad, generalmente en futuros distópicos donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano.” Lawrence Person.
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Óscar Saavedra nos presenta un libro que desde su nombre (Tecnopacha) nos evidencia una relación de visiones heterogéneas; un libro del mestizaje de significantes y formas de vida en hábitats disímiles, pero coexistentes, y una identidad socialmente borroneada, escamoteada, donde su principal fuente de referencias descansa en la alusión al cuerpo de las topografías de Chile y Latinoamérica. Todo esto desde una estética de lo retro, lo etno, lo metal, lo folk, lo punk, sudaka y, sobre todo, el cyberpunk, como el subgénero de la ciencia ficción, en cuanto a la homología con los modelos de las grandes urbes del primer mundo del high techh low life (literalmente: alta tecnología, bajo nivel de vida), que mantiene en la máxima indefensión a las masas de pobladores de la periferia.
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Es una poética que juega, dentro de los espacios degradados del cuerpo colectivo de las ciudades, con el estereotipo de las ideologías totalizantes, el marketing y la farándula, en una odisea del delirio que se orienta a desmantelar sus discursos ad-hoc, entre otras cosas.
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Tecnopacha puede ser descrito de tantas maneras como lo son las relaciones con la historia y la territorialidad que nos presenta su hablante. Encierra tanto una búsqueda de una tierra nueva, así como el intento por definir y describir un hábitat que se vuelve escurridizo y ambiguo. Es, por lo demás, un esfuerzo del Homo sapiens sapiens posmoderno neandertalizado que tiene tanto de fractal como de caótico, en su afán por reconstruir una memoria desfigurada.
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Los ojos del poeta son vitrinas de este mundo subterráneo en que vegetamos bajo máscaras o caretas, esculpido en base a ficciones y sobre-realidades. Esta función distractora y de ocultamiento que el texto expresa tiene su base en la lúcida capacidad de una poética que nos muestra, nos pone cara a cara con nuestra condición y pertenencia a una sociedad tercermundista, característica de los países de América Latina.
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Aquí se exhibe, entonces, un carnaval que entremezcla las esferas de lo diverso y lo posible. Encontrando material poético en la ideología económica y social capitalista, en la tradición que resguarda la pacha mama y en la vertiente socialista revolucionaria, que llegan a ser aunadas, por ejemplo, en la expresión Bolchevique Emotion. Advertimos, en definitiva, los retazos de un mundo laberíntico que todos somos capaces de reconocer, sin límites ni fronteras, pero cruzado, a su vez, por hombres y mujeres tan limitados como fronterizos. Tecnopacha es tanto una burla a los grandes metarrelatos del canon convencional, así como una sátira de los bien amados de la poesía universal y de las formas de hacer política, cultura y sociedad. Es la exposición, sin medias tintas ni tabúes, conscientemente pornográfica de la historia nacional, basada en el subyacente de una memoria colectiva a través de la TV, cuyas huellas las podemos detectar en el discurso de lo público, erosionado por el doble estándar y enmascaramiento de lo privado, de la mano de otros encantamientos varios. Estamos, en consecuencia, frente a una escritura crítica ante la vanidad humana, el despotismo y el funcional olvido social, muy conveniente por lo demás, para seguir inmersos sin contrapeso dentro del actual modelo socio-económico que padecemos.
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Leemos:
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en esta ciudad sin nombre,
les dije a sus habitantes: «he aquí lo que les puedo ofrecer».
Me tiraron piedras. Me gritaron neoliberal.
Me encasillaron en un demente anárquico
(según los contextos en donde anduve).
A los veintitrés años supe lo que era parir sin útero,
dejar sin semen mis testículos.
Supe que no quería descendencia,
que solamente la fama me haría símil
a una estrella hollywoodense
de la historia de vuestras histerias.
En: [Lectura visual/ visceral de mi valle]
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Óscar Saavedra no es uno de esos poetas autistas tras un afán totalizador ni mucho menos integrador. El suyo es, más bien, un texto de las evidencias (de lo que hay nomás pareciera decir, lo que tenemos) que crea hábitats, enclaves, al mismo tiempo que crítica una memoria de alucinógeno en una tierra anoréxica, como se menciona en varios poemas. Los Pachas son personajes, habitantes de la tribu del mundo; es decir, refracciones del colectivo. El país (Chile) es una institución, donde las Intis pueden formar parte de su “panóptica” u organismo disciplinar como cualquier otro elemento. El territorio es aquí un cuerpo fracturado, cuyos miembros están tan repartidos por las cloacas del Mapocho Center como dispersos por las urbes del mundo occidental. El poeta escribe sus versos sobre rocas de cemento y nos habla de un capitalismo moralizante y desquiciado:
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Me quedé ahí, pensando que la tribu leería lentamente las rocas
de mis ideas. Entonces me puse a escribir el poema capitalista,
el poema que sería regalado por las calles como un nuevo
corazón, como una nueva tierra ingerida por los ojos y los labios
llameantes de la luna.
(p.44)
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Respecto a su visión de la Historia, el poeta, al igual como lo hace Gabriela Mistral en su ensayo “Breve descripción de Chile”, hace una relación de la historia del país contándonos sobre su geografía (tierra y paisaje). Sin embargo, lo que para ella significa evidenciarla mesiánicamente como la creación a cargo de unos pocos, para el hablante de Tecnopacha significa la expresión de la base narcótica de un reaccionario nacionalismo.
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La visión de América nos recuerda, en la idea de “una nueva tierra”, el siempre acariciado, pero también escupido sueño americano; nos retrotrae a la antigua representación de América como el paraíso y la bíblica tierra prometida. Es la latente esperanza de construir una nueva memoria colectiva y, en consecuencia, hacernos partícipes de una identidad mestiza que en nuestro día a día continúa siendo borroneada, desvirtuada, desdibujada y que, por eso mismo, representa, como se explicita en la expresión de varios versos, “El ethos maldito de mi valle”, como parte del ser mismo del hombre.
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La América de Óscar Saavedra configura muchas cosas a la vez: una puta, un travestido, un carnaval, una sirvienta sudaka-burguesa, un valle, una tierra sin nombre, un origen denostado, una descendencia difusa, un huérfano, una mujer con anorexia. Todas aluden al espacio de vasallaje inconsciente de un continente y, sobre todo, a un país que comparte con otras zonas del tercer mundo su pobreza, como los países de África, Calcuta y los barrios bajos del Bronx. Esto nos recuerda el epígrafe de Giusseppe Ungarretti con que comienza este libro de poemas: “Busco un país inocente”. Ese país que, contrapuesto a la frecuente expresión de Paiscidio, simboliza la idea de una tierra nueva, de una nueva pacha.
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En definitiva, decir Tecno-Pacha, es decir Territorio, hábitat de los desesperados o hábitat de los hombres que han perdido el territorio en un mundo que cree que lo tiene todo.
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Noviembre del 2008
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En la foto: poeta Oscar Saavedra Villarroel

jueves, 13 de noviembre de 2008

EL REALISMO TRÁGICO DE ALAN MILLS

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Escribe: José Córdova
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Gabriel García Márquez había considerado que el «realismo mágico» era la única forma de trasladar fielmente la realidad latinoamericana a la escritura, ya que lo «mágico», según él, —aunado, además, a lo «barroco»— sirven para que una obra literaria —en este caso la de Gabo— sea verosímil, es decir, que la narración sea tan o más real, desde el punto de vista de que lo real, “tiene existencia verdadera y efectiva”.

Sin embargo, hubo una generación posterior que pensó que esta escritura «real maravillosa» de García Márquez no era definitivamente verosímil, ya que en las mismas narices de Macondo, existía un país ensangrentado en la violencia, tanto por parte del mismo Estado como por las Fuerzas Armadas y el terrorismo, la que aunada al narcotráfico y ésta, a su vez, a la miseria, el pandillaje y el sicarismo de las grandes urbes, hacían, no sólo de Colombia, sino también de casi toda Centroamérica continental, un territorio sangriento y terrible, casi imposible para seguir habitándola.

Es así que los nuevos escritores (como el colombiano Gustavo Bolívar) crearon lo que luego llegó a conocerse en la literatura latinoamericana como «realismo trágico» —aquí, literatura de los años de la «violencia política»—, pues ésta estaba totalmente desligada de esa excesiva verbosidad, y sin los efectos dramáticos con los que se subrayaba, en las antiguas novelas, lo que se pretendía trágicamente superior, puesto que en sí, lo trágico (violencia, y sólo violencia), finalmente, era el asunto que el novelista del «realismo trágico» quería retratar en su obra.

Y es desde esta perspectiva que Alan Mills (Guatemala, 1979) —utilizando los recursos del lenguaje popular y una «retórica callejera»—, nos da cuenta de la “realidad” de su país y parte de los extramuros centroamericanos (como la frontera mexicana por ejemplo): «me violaron pero quién me va a creer, pinche puta que soy, me levantan, conmigo está su purrún, su chinique, en este pellejo les gusta divertirse y apagar sus cigarritos, en serio que siempre me sentí fea, bien hecha mierda, y ahora estos cabrones viene a decirme: mire manaíta usté tranquila, en gustos se rompen géneros y en petates buenos culos, ve qué de ahuevo, por tanto daño apenas y me acuerdo de lo que decían, […] cómo miarde adentro, igual yo sólo les aviso que ya estoy panzona, cerotes, y que a este hijo le voy a poner carlos julián porque son los dos nombres que recuerdo: dale duro julián, pasala carlos, hacela mierda, te toca julián, sí, dos nombres nomás, pero yo sé que sus tatas fueron al menos cinco, tal vez seis chantes culeros, ay, noche más pisada, si los miro me los quiebro, juro que nunca voy a dejar que te digan hijo de la gran puta, no mijo, no mi carlos julián (p. 10)».

Y es también con esta impronta coloquial, latente en casi todo el libro, que Mills pretende ser cosmopolita —y posmoderno a la vez— para, sólo así, poder comunicarnos el retrato de una realidad social absolutamente violentísima e inhumana. No en vano el filósofo argentino Tomás Abraham postuló el concepto de «realismo trágico para dar una idea del modo en que los nuevos tiempos incidían en la conducta de la gente»; y, puesto que este «realismo moderno no depende de dioses, sino que es un realismo del cálculo de las cosas, pero con un perito mercantil alado (T. Abraham)», —es decir, del libre mercado con su ángel salido de ese capitalismo salvaje del que hablan los marxistas— el discurso trasciende, justamente en una postura casi sociológica más que literaria.

Ahora bien, dado que «los nuevos sujetos del poder son los capitales (Ibíd.)», al fondo siempre quedan los excluidos, los sin tierra, los que no tienen casa ni palabra, y, sobre todo, los inocentes; por eso Mills nos dice: «conozco otro pueblo, uno donde los niños ríen al caer la noche, están bien muertos pero risa y risa, travesiean con los chuchos que nunca tuvieron, se han echado encima una sábana de tierra que saben quitarse para soltar sus barriletes etéreos […]; sólo el ruido interpretaría con soltura la cantidad de silencio que expele una aldea fantasma, por eso la risa confiada de los niños al anochecer, por eso juegan entre el limo y no miran su sangre, esto va a persistir, nuestro destino es manifiesto, lo dice con llanto el Corazón del Cielo (p. 11)».

De ahí que, dejando todo atisbo de artificio metafórico, y por comedido que este ejercicio sea, el poeta utiliza atajos de rudeza, para que, de esta manera, no se altere la traumática realidad que crudamente evoca: «una tarde hermosa, afuera, en la pila de lavar, miré sin querer a cierto pariente mío ultrajando a la muchacha que enjuagaba la ropa, quedé paralizado, iluso quise imaginar algún alivio para ella, no era mucho el ruido, su boca mordía un trapo medio mojado que irradiaba dolientes burbujas engarzándose desde ahí hasta los cielos más desconocidos (p. 20)».

Sólo así, —en esta (y con esta) violencia explícita—, el poeta logra obtener una “pérdida repentina del conocimiento y de la sensibilidad” para postular un origen, es decir, referirse al sexo, (en un proceso de degeneración, en todas sus manifestaciones, tanto consentida como forzada) como una constante primigenia de la violencia, como si a través de él se engendrara todo atisbo de violencia; por ello el sexo se vuelve un trauma: «esas mujeres con sus vulvas chispeantes: flores del mal para este ensueño que muere (p. 21)», del que uno no prevé consecuencias: «por donde debiera pasar el tren no anda tren ninguno, ahí más bien desfila la sífilis, el vih, las diosas del papilomas y demás, ningún piano blanco en esas casuchas de orillera, ningún libro de cabecera para estos galpones polvosos, nuestros vagones abandonados anuncian que nos fracasó el hierro y de noche me siento ciudad no realizada transpirando a través de las llagas de sus putas, esqueleto vacío de volarse en su carne perdida (p. 14)». Es así como desde el inicio del texto hay una especie de autoinculpación: «me voy manchando, cualquiera diría esta noche no floreceré, toda calentura ingresa por un halo de luz desvanecida, tal música oscura y genética, mi situación presente no permite que me conmueva, iré sin freno hasta el fondo, cómo no voy a desear este desahogo si me enredo en la dislalia, quiero un habla, esta tensión es la única cosa que se suaviza en la medida del viaje (p. 9)», la misma que junto a todas estas imágenes truculentas de este «extraordinario poema de una violación permanente y, a la vez, una de las muestras más feroces y alucinadas de la gran poesía latinoamericana de hoy (Raúl Zurita)» descritas en 19 páginas terminan por enfermar, digamos traumar, mentalmente al protagonista: «doctor, doctor, / voy a contarle algunas cosas, / COSITAS / que quisiera olvidar pero no puedo (p. 29)».
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Alan Mills

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Síncopes, 36 pp./ Alan Mills / Lima, Editorial Zignos, 2007

Fuente: http://latorredelasparadojas.blogspot.com/2008/11/el-realismo-trgico-de-alan-mills.html

martes, 28 de octubre de 2008

Sobre ANOTACIONES de Daniel Maguiña Contreras y PLAQUETA PARA MARÍA de Omar Rosario Rodríguez (Ed. Zignos, 2008)

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Escribe: Harold Alva
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Hay quienes se atreven a encasillar como generación a los poetas que aparecieron con el nuevo siglo, quizá por cuestiones didácticas, quizá por constituir un nuevo canon. El solo intento limita un contexto cuyo radio va más allá del año 2000, me arriesgo a pensar en 1992. Ortega y Gasset en su muy famosa “Idea de la generación” la representaba como "una caravana dentro de la cual va el hombre prisionero, pero a la vez secretamente voluntario y satisfecho”, seguía: “Va en ella fiel a los poetas de su edad, a las ideas políticas de su tiempo y hasta al modo de andar usado a los veinticinco años” y para no reducirla a una moda, hablaba del compromiso dinámico entre masa e individuo que es lo que marca su trayectoria vital: histórica.
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Yo me pregunto ¿Hay compromiso histórico en estos jóvenes poetas? Alguien podría decirme que el arte está más allá de ese rol, que el arte está más allá de la militancia. Vuelvo a preguntarme: ¿Acaso el arte no cumple un rol social? ¿Nuestros poetas han metido en sus versos esta caravana social que hace rato avasalló sus hábitos? Pienso en algún nombre, en algún poeta joven al modo de Romualdo, o Scorza, o Valcárcel o Juan Gonzalo, intento encontrar un nombre, intento encontrar un poeta crítico a este tiempo, con opinión política, que analice y responda sobre lo que acontece, no un liberal extremista, tampoco un anarco incendiario, sino un poeta cuya sensibilidad recoja sin odio lo que ocurre y lo procese y lo transmita.
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Como no encuentro una respuesta, intento responder a esa ausencia de respuesta. Porque algo debe haber pasado para llegar a este silencio. Esta generación -contando desde 1992- ha sobrevivido a décadas siniestras. Los que nacimos entre 1968 y 1992 (1), para situarme entre dos acontecimientos históricos que cambiaron el rumbo de nuestro País: Velasco el 68 y Fujimori el 92, somos sobrevivientes a diversas formas de gobierno, en este proceso hemos sido testigos del derrumbe de las ideologías y del estallido de la globalización; hemos perdido por lo tanto hasta el sentido de las palabras. Raúl Zurita, el emblemático poeta chileno, respondía sobre esto hace tres años (2). Zurita decía que hemos perdido el significado de las palabras, afirmaba que el marketing intentaba darles otro sentido y que por eso era importante volver a escribir, por ejemplo, la palabra “amor”, término cursi o trivial que incluso rechazamos.
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Yo le agrego las palabras “compromiso”, “solidaridad” y, sobretodo, “comunicación”. Da la impresión que nos hemos perdido, que hemos dejado de ser esa mixtura sociedad / individuo, entonces necesitamos reconstruir ese lazo que unía al poeta con su entorno, necesitamos reconstruir ese puente para olvidarnos del individualismo que ha hecho escritores como islas. Pero necesitamos recuperar el significado de las palabras.
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Daniel Maguiña Contreras

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Hace cuatro años conocí a Daniel Maguiña Contreras, por aquel entonces yo editaba la colección El Malhechor Exhausto (3), el último de los autores publicados había sido Alex Alejandro, miembro del Grupo Jade (4). Daniel, al día siguiente me envía sus poemas, me envía el “Capítulo T”, un conjunto de textos en prosa cuyo eje temático era el amor, pero el amor en tono sabinesco, no el amor cursi, sino el amor irónico, el que realmente duele, el que le obliga a la mano escribir algo para no marcar el teléfono de la culpable. Entonces había eso a lo que se refería Zurita, Daniel le devolvía a esa palabrita su significado original.
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Hace un par de meses me confirma que tenía un conjunto de poemas que consideraba publicables, pero no quería editar solo, me habla sobre un amigo con quien había coordinado para publicar juntos: Omar Rosario Rodríguez. Me presenta a Omar vía correo electrónico, después contactamos vía MSN, y Omar me enseña sus poemas. El eje: el mismo, el amatorio.
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¿Qué tenía yo, como editor, al frente? Como poeta: ¿qué tenía al frente? Yo que cuestiono los años sobre los que quieren presentarnos una “nueva generación”, yo que considero urgente devolverle a las palabras su significado real, yo que reclamo a los poetas introducir la calle y su contexto en lo que escriben: tenía al frente a un par de poetas jóvenes que habían escrito en paralelo dos trabajos cuyo tema era el mismo y que querían hacerlo público en dos libros que se presenten como uno. Es decir, comunicados, recuperando ese lazo al que me referí hace un momento.
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Por eso el lanzamiento de esta colección bicéfala de poesía. El modo exacto para presentar en comunión estos discursos arriesgados. Se necesita ser arriesgado para publicar un poema de amor, cuando muchos de sus contemporáneos prefieren la erudición del texto por el texto. Nos pareció atractiva la idea de un libro bicéfalo, sobre todo por lo histórico del término, recordemos a Orthrus, el hermano de Cerbero, de la mitología griega, asesinado por Hércules; o el águila bicéfala de los masones cuyo origen se remonta a la ciudad samaritana de Lagash hasta llegar a los sultanes de Slkujian de donde fue llevada por los cruzados a Europa (5); o la serpiente bicéfala de los mayas, solo por citar algunos referentes.
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ANOTACIONES de Daniel Maguiña Contreras nos ubica frente a un poeta que no se hace problemas para introducir en su registro el lenguaje de la calle, los personajes de la televisión, los animes. Gracias a ese riesgo salva a sus poemas de caer en lo pueril. Si bien le escribe a una mujer o al silencio, su palabra no es la onda dulce que llega como una balada nuevaolera, todo lo contrario, por eso hablé de Sabina. Sus textos son prosas que se valen de los recursos narrativos, pero no pierden el sentido de lo poético. Omar Rosario Rodríguez si bien acude a la prosa poética en PLAQUETA PARA MARÍA, apela también al verso libre preocupado por la imagen. Sus poemas están construidos con un lenguaje que no titubea para decir lo que pretende.
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Gracias a ese compromiso por devolverle a la palabra su sentido -que ubico como parte del proceso para retornarle al poeta su rol social, ese rol que va más allá del sentimiento que sostiene a estos libros- apuesto como editor por estos jóvenes poetas.
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Omar Rosario Rodríguez


1. Estoy preparando DE GOLPE A GOLPE: LA ÚLTIMA GENERACIÓN / ANTOLOGÍA POÉTICA.
2. Entrevista realizada por Miguel Ildefonso para Odumodneurtse, el periódico de poesía que dirigía Álvaro Lasso.
3. Publicamos ocho títulos: M.D.I.H. de Miguel Ildefonso, ARTE RUPESTRE de Roberto Salazar, EL CIELO QUE ME ESCRIBE de Miguel Ángel Zapata, OPÚSCULO DE UN NOSFERATU de Leo Zelada, NAVAJAS de Karl Oharak, CUADERNO DE LUCIÉRNAGAS de Alex Alejandro, BAJO EL PUENTE DE LONDRES de Denis Castañeda y PUTAMADRE de Héctor Hernández Montecinos.
4. El grupo JADE de la Universidad Nacional Federico Villarreal estuvo integrado por Alex Alejandro, Oscar Perlado, Josefina Jiménez y Daniel Maguiña, entre otros.
5. El águila bicéfala masónica, por Iván Herrera Michel, en “Pido la palabra”.

lunes, 27 de octubre de 2008

LA ARMONÍA DE LOS MAPAS de OMAR SALOMÉ

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Escribe: Javier Ágreda
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Ingeniero de profesión, Omar Salomé (Tacna, 1972) hizo estudios de literatura en la universidad de San Marcos, donde compartió aulas con el interesante grupo de poetas "Sociedad elefante", conformado por algunos de los más prometedores escritores peruanos de la actualidad. Salomé se hizo conocido como narrador con una serie de muy buenos cuentos que circularon a través de internet, hoy día el más importante medio de difusión literaria. Desde las revistas y foros literarios virtuales, Salomé acaba de dar el todavía imprescindible salto al libro impreso con La armonía de los mapas, su primera novela.
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Salomé nos cuenta la historia de Héctor Berríos, un tacneño nacido en la década del 70 (como el propio autor) y que por eso crece en un mundo en el que el liberalismo salvaje ya se ha impuesto como ideología dominante, con la irremediable pérdida de algunos viejos valores como la honestidad y la solidaridad. Un mundo que además está globalizado y en el que el gran sueño de los jóvenes es precisamente el viaje a Estados Unidos, algo que Héctor logra muy joven, como premio de un concurso entre todos los escolares de su ciudad natal. Esa experiencia se convierte en un hito en su vida, pues lo hace destacar como alguien especial en su grupo de amigos y en su colegio, y además lo lleva a hacer de la competitividad casi su razón de vivir.
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A la manera de American psycho de Bret Easton Ellis, La armonía de los mapas nos muestra todos los excesos a los que puede llevar esa competitividad, la desenfrenada lucha de estos jóvenes por el éxito (laboral, económico, sexual, etc.), desde la frivolidad hasta la completa instrunmentalización de todas las relaciones humanas. Y para hacerlo Salomé apela a las más modernas técnicas narrativas, cambiando constantemente de "punto de vista" y con bien dosificados saltos en el tiempo, especialmente a la adolescencia de Héctor, cuando era un fanático del fútbol y del grunge, ese movimiento de rock contestatario y alternativo de los años 90 que tuvo su mejor expresión en las canciones de Kurt Cobain.
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El contraste entre esta cultura "alternativa" que Héctor vivió en su adolescencia y el frívolo mundo en el que vive actualmente es uno de los aspectos más logrados de este relato. También el buen empleo de los viajes como elementos simbólicos que determinan el paso de una etapa a otra en la vida del protagonista. En el otro extremo, en el de los reparos, diríamos que se hace sentir la ausencia de situaciones que expresen la intensidad de los conflictos que el protagonista está enfrentando. La armonía de los mapas es una interesante novela de formación, además de un honesto testimonio generacional.
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domingo, 26 de octubre de 2008

HELMUT JERÍ Y LA ÚLTIMA ESTACIÓN (Ed. Zignos, 2008)

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Escribe: Harold Alva
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En una entrevista el poeta Ricardo Ayllón me pregunta sobre cuál era mi visión sobre la poesía peruana, es decir, más allá de Lima, yo (como Ricardo), que soy de provincia (Piura), y que me jacto de ser descendiente de una de las mejores tradiciones del interior de nuestro país (Salaverry, Velásquez, Martos, Rojas, Alarcón) sentí que Ricardo había tocado en el clavo, sobre todo porque a pesar de la Internet y la velocidad de las telecomunicaciones todavía sobrevivimos en un país centralista. Y no es una afirmación que tenga que ver con cenáculos o con los escritores limeños, para nada, sino con los propios escritores de provincia, hay una especie de ceguera inconsciente que pese a la postergación de sus manifestaciones artísticas no les ha permitido hasta ahora construir algo contundente, no para hacerle la lucha a lo que se escribe en Lima sino para hacer sentir su presencia. Entonces tenemos poetas como islas. Se insiste con un centro cuando la respuesta está en construir sus centros y articular un movimiento que presente propuestas plurales para reafirmar que en efecto vivimos en un país cuya tradición literaria es una de las más ricas del orbe.
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Hoy, la actividad poética que se vive al interior es sorprendente. Poetas como los trujillanos Jorge Hurtado, Manuel Medina Velásquez, Denisse Vega Farfán, el piurano Luis Enrique Robles, la arequipeña Ana María Flores Núñez , Martín Zúñiga en el Cuzco o César Panduro y Helmut Jerí en Ica, nos demuestran que la poesía late sin frenos y que ese latido cada día se fortalece por la propia fe de estos jóvenes escritores. Sin embargo, pienso que se necesita más de lo meramente literario para transformar este panorama, me refiero al rol político que debe cumplir el poeta. Mientras no haya ese sentido por recuperar los espacios, el poeta será un hombre postergado.
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Estoy releyendo LA ÚLTIMA ESTACIÓN del poeta Helmut Jerí y confirmo que sí es posible levantar la voz para recuperar esos espacios. El año pasado el poeta chileno Héctor Hernández Montecinos –estuvimos en Caral con él y Helmut después del País Imaginario- en la presentación del libro de Jorge Castillo Fan, comentaba sobre lo que significaba el hecho de la aparición de un libro; decía que ya impreso era una victoria y hablaba de todas las trabas que se presentan como caprichos para detener el nacimiento, al vencerlas, el resultado era un libro con historia y proyectable. Cito esto porque LA ÚLTIMA ESTACIÓN es en efecto un libro con historia y proyectable. Para que aparezca hemos resistido a todas las zancadillas y muros inimaginables, ahora, en la puerta del horno, podemos jactarnos que estamos frente a una victoria. Y victoria doble cuando sus versos confirman que sí es posible levantar la voz desde la poesía para recuperar o construirnos los espacios.
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Helmut Jerí ha escrito un libro en el que circula con destreza por los viejos temas que nos devuelven a la convicción de que el poeta es un sujeto extraño - los seres me miran con temor- Entonces Helmut inicia, para pretender ser objetivo transmitiéndonos su lectura del mundo desde afuera, para poco a poco ir sumergiéndose en él mismo y presentarse como un poeta inusual, bucólico, pero sobre todo, social. Como Washington Delgado en Globe trotter o como Heraud en El río. Helmut con una poética del desencanto ha logrado construir poemas que pueden leerse como himnos cuya fuerza y honestidad no ha sido subordinada a la retórica. Lo importante para el poeta es transmitir el golpe, y el golpe llega de improviso para doler más.
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LA ÚLTIMA ESTACIÓN es un libro que transporta. Uno al leer sus versos imagina al poeta y a sus personajes al frente, como si de pronto se abriera una ventana con la lectura y nos ubica como voyeurs para continuar con esa acción hasta terminarlo, hasta cerrar la última página, pero te deja con esa sensación de culpa como quien no ha querido penetrar el puñal –los ojos- sobre ese cuerpo –el poemario. Si te vas, procura hacerlo por la ventana / Solo para que el mundo sepa / Que estas huyendo a la mala.
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Estoy convencido que estamos llegando a tiempo a LA ÚLTIMA ESTACIÓN. Demoró, pero era la última pues, estaba lejos. Helmut Jerí con este libro suma su nombre a esta nueva promoción de escritores –Alessandra Tenorio, José Agustín Haya de la Torre, Rocío Fuentes, Vanesa Martínez, Víctor Ruiz, Rafael García Godos, Miguel Ángel Sanz Chung, Romy Sordómez, Lali García, Vedrino Lozano, Andrea Cabel, Raúl Solís, Patricia Colchado, Jhon López, Diego Lazarte, Salomón Valderrama, entre otros- que sin haberlo asumido lleva en su espalda el peso de lo que significa este nuevo siglo.
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Cómo no tener confianza a lo que podemos hacer por construir esos centros para permitirle a la gran voz que ingrese. Es posible. Aún nada está dicho, pero depende de los poetas, más allá de la cuestión mediática que, al final, solo los arrincona en las cavernas del ego. La poesía es de todos. Debe volver a ser de todos. A ella nos devuelve LA ÚLTIMA ESTACIÓN.

viernes, 24 de octubre de 2008

Presentación de Plaqueta para María & Anotaciones

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Este martes 28 de octubre, en el Auditorio A de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Privada Ricardo Palma, se realizará la presentación del primer título de la colección bicéfala AZERTIJO, que se inaugura con PLAQUETA PARA MARÍA de Omar Rosario y ANOTACIONES de Daniel Maguiña. La cita es a las 5 PM. Los esperamos. El ingreso es libre.

jueves, 23 de octubre de 2008

PARA ROMPER LA CAMISA DE FUERZA (TERRITORIAL) DE LA POESÍA

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En torno a Tecnopacha (Ed. Zignos, 2008) de Oscar Saavedra Villarroel
Escribe: Róger Santiváñez

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Cuando visité Santiago de Chile en julio de 2006 –realizando el trabajo de campo para mi tesis sobre Enrique Lihn- conocí al joven poeta Oscar Saavedra Villarroel. Envuelto en una gruesa bufanda, gorra negra y cuadrados lentes de carey del mismo color, me llamó la atención su conversación chispeante y su mirada de inteligencia avizora. Pocos días después del primer encuentro –junto a otros muchachos de la más reciente generación de poetas chilenos-, tuve la ocasión de escuchar su poesía, por él mismo leída, en un evento escenificado en la SECH. El impacto fue rotundo en mi fuero interno y en el del público asistente, retumbó la fuerza atávica de un canto que evocaba la historia y dejaba percibir una nueva tonalidad épica en su desencadenamiento rítmico.
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En efecto, distintos momentos históricos eran tomados por esta poesía, para configurar un corpus verbalis que desde una perspectiva posmoderna, nos ponía en situación de trance y crítica contra todo el orden establecido. Tras la lectura, en la terraza de un bar en Bellavista, Oscar Saavedra me mostró los originales de su libro, entonces denominado dOPING hISTÓRICO. Celebramos –siempre con su mancha generacional- hasta altas horas de la madrugada. Así pasaron los meses y en abril de 2007 volví a la capital chilena para un Congreso Peruanista, y esta vez nos las ingeniamos para entrar con toda la mancha (que no tenía invitación) a la Embajada del Perú en Santiago donde se efectuó una rociada recepción. Aquella noche Oscar Saavedra volvió a leerme nuevos fragmentos de su libro en proceso de escritura.
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Y finalmente aquí está la obra terminada. Su título actual es Tecnopacha y se nos presenta como el primer capítulo de dOPING hISTÓRICO, que ya queda entonces como el membrete general de una creación mayor. Entremos entonces al análisis de este libro.
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Lo primero que podemos decir es que con Tecnopacha vuelve la poesía-discurso, de singular tradición en la poesía chilena. Baste recordar a Pablo Neruda y a Raúl Zurita. Estamos ante una especie de gran manifiesto construido en verso, aunque de vez en cuando nos encontramos con viñetas de prosa poética. La voz aural está encarnada en la primera persona, la cual provista de rotunda ironía va confeccionando un hilo discursivo sintetizado en reminiscencias vanguardistas que van desde el creacionismo hasta el movimiento beatnik, en un afán totalizador e integrador –una especie de inmenso retrato del capitalismo postmoderno y contemporáneo desde Chile- como si se quisieran agotar todos los temas de esta posibilidad.
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El discurso sazonado de refrescante coloquialismo, apela a una particular adjetivación (me presenté como burguesía cordillera), haciendo estallar lo calificativo mediante dos sustantivos puestos en extraño contacto. Reivindica lo indio andino con la denominación Pachas (tierra en kechua), término que alude al pueblo o a todo ser humano. Un innominado personaje –especie de alter ego del poeta- que puede ser femenino y/o masculino emprende un alucinado viaje (tradición huidobriana) por la historia y sobre todo sudamereando (en rumbo por Sudamérica en este neologismo saavedriano), sintetizándolo en estos versos: mi lenguaje podía ser / la emoción mundial de los pueblos, o también: aluciné con la tierra prometida de mis textos. Al final uno se queda con la impresión de que el poeta aquí es un testigo privilegiado del Apocalipsis del capitalismo trans-nacional de nuestros días. Esto se plasma en imágenes de notable riqueza plástica como por ejemplo: Mirándome como a una puta de San Camilo / de puro rouge en su ansiedad.
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Pero lo que salva al imaginario viajero-poeta es su Bolchevique Emotion. Es decir, el corazón bien a la izquierda, especie de argamasa que va conectando los ladrillos de su estructura poética. Porque ya sabemos que esta historia está dopada, manoseada / desde siempre como se nos anuncia desde el principio, el poeta se propone Reconstruir una memoria. Y para eso el vuelo, el viaje, este libro. De la manera más inesperada: Ascendí entonces en un ascensor o sencillamente: me subí a un micro. Después de su búsqueda, el poeta llega a decir supe que la identidad no era sino un puñado de / polvo en las manos. Entonces sigue su camino y afirma: con mi armazón retro escalerié el Monte Santa Utopía. Aquí está funcionado la bolchevique emotion a pesar de que la única realidad con que podemos contar es la Revolución consumista y la Creatividad mall o fusiones raras, producto de la alienación y/o el mestizaje: Como se ve a una madona mapocho / lucir su cabellera nórdica.
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Estamos ante una realidad usaísta vitrina como la califica el poeta. Es decir, bajo el imperio del gran capital de los Estados Unidos de América (USA). De ahí usaísta, uno más de los abundantes neologismos de Saavedra. Pero él se define así: Yo, Bolchevique Emotion; Yo, el Sr. Sudaca. Por eso comprendemos el tono de su caprichosa adjetivación: El sol salía Kremlin cada mañana. Mas no se piense en una poesía panfletaria ni menos complaciente. Aquí el poeta -épico de raigambre nueva- vive (y sobrevive) en constante confrontación con la realidad y con los demás. Esto se plantea poéticamente de la siguiente forma:
estaba tan ola/playa que cuando los vi
mis ojos/sol fueron hielo sangre de mi
estrella nativa
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Muy sutilmente Chile presente, Saavedra se las ingenia para lograr una cálida representación de su pueblo: pude salvarme como todo un Rodríguez.
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En resumidas cuentas lo que Tecnopacha busca en tanto libro, es la consecución del poema capitalista que como tópico aparece una y otra vez entre sus versos. La ironía está en que pese a su feroz crítica contra el Capital, nuestro poeta parece ser el único capaz de lograr ese poema. Y ésa es la contradicción que siempre entraña la buena poesía: en el remolino verbal de su cuestionamiento radical, Saavedra construye su libro (y el poema capitalista) con las propias armas que proyectan y realizan su destrucción.
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En esquinas mundializadas y echando mano a toda la Contracultura el poeta se declara un autoruta posmo y observa: La tribu me aplaudía; aunque poco después –en reminiscencia de El Paseo Ahumada de Enrique Lihn- lo quieran expulsar de la ciudad. Entonces el poeta se va, prendiendo fuego al poema capitalista. Somos notificados que partirá a bolcheviquear o pachamandar. Pero nos deja este canto, este bello libro de rabia, ardor y esperanza que depositará las palabras en sus oídos talados desde antes que naciera el Ecuador, con lo cual la certidumbre metafísica de esta poesía está dada –viajando hasta el origen ontológico del ser y del universo- y además entroncándose con el célebre Ecuatorial (1918) de Vicente Huidobro (prístina manifestación de la vanguardia hispanoamericana). Como no podía dejar de ser, el viaje (el libro) concluye con una partitura musical (en la línea maestra de Ezra Pound), sólo; que en vez de notas, junto a la clave de sol hay Pachas. O sea, nosotros. Nuestra música, nuestra Pacha. Sin duda, somos el sonido del nuevo mundo. O por lo menos, en el visionario magín del poeta Oscar Saavedra Villarroel. Salud!
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[ a los 6 días de setiembre de 2008,
a una hora de Princeton University ]

miércoles, 22 de octubre de 2008

LA CANASTA (Ed. Zignos, 2008) en MILENIO / Tampico - Miércoles 22 de Octubre de 2008

La poesía de Sara Uribe, presente en La Canasta.

Escribe: Miguel Domínguez.
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La selección corrió a cargo del traductor Toshiya Kamei, quien ya la ha traducido. La Editorial Zignos, de Lima, Perú, publicó la antología de poetas latinoamericanas La Canasta, en la que aparece Sara Uribe, quien habiendo nacido en Querétaro, se considera tampiqueña por adopción. Junto a la suya, se publica también la obra de las mexicanas Estrella del Valle, Selfa Chew, Leticia Luna, Isolda Dosamantes y Cristina Rascón Castro; las peruanas Erika Ghersi y Victoria Guerrero; y la española Ana Merino.
La Canasta es una selección y traducción de Toshiya Kamei, quien desde hace tiempo ha traducido al inglés parte de la obra de Sara Uribe y Liliana Blum. De Blum por ejemplo, tradujo el libro The Curse of Eve and Other Stories.
En la presentación de esta antología, Kamei explica el objetivo de su publicación: “Promover la poesía de mujeres hispanas”. Sin embargo, aclara que no tiene la pretensión de ofrecer un panorama completo de esa clasificación de la literatura. “Me doy cuenta de que al incluir a ciertas poetas estoy excluyendo a otras. Además, debido a mi gusto literario, el proceso de selección de las poetas ha sido en gran parte arbitrario”, escribe el norteamericano. En la selección, aclara, también participa la casualidad. “Como traductor principiante, trabajo principalmente con poetas jóvenes cuyas obras han sido poco traducidas. Mis traducciones inevitablemente reflejan mis preferencias e idiosincrasias”. “Cuando enfrenté una serie de elecciones, intenté encontrar la mejor solución para construir un puente sobre el vacío entre los dos idiomas”, concluye.
La autora, aunque nació en Querétaro, Sara Uribe reside desde hace muchos años en Tampico, por lo que es aquí donde comienza su carrera literaria. Ha obtenido premios como el de Literatura del Noreste Carmen Alardín en su edición del 2004; en 2005 obtuvo el Nacional de Poesía Tijuana. Ha publicado títulos como Lo que no imaginas, Nunca quise detener el tiempo y Palabras más palabras menos. Junto a Liliana Blum editó Perros de agua.
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