viernes, 8 de mayo de 2009
Tantas veces Miguel Ruiz Effio.
miércoles, 29 de abril de 2009
El grito lanzallamas de Oscar Saavedra Villarroel. A propósito de Tecnopacha (Zignos, 2008)
Antes de leer un libro, suelo abrirlo al azar para ver si pese a ello en la página que lo detengo hay un verso o una frase que me mueva. Aplico la misma operación a todos, si no choco con ese verso o esa frase, lo cierro y olvido que reposa en alguno de los estantes de mi biblioteca. Supongo que es un defecto adquirido gracias a mi vicio por el juego. Cuando se trata de envíos de mis amigos, de libros inéditos que generosamente me confian, sucede casi lo mismo, avanzo con el cursor hasta el centro o el final, nunca me quedo en el inicio, y lo detengo ansioso para ver si aparece esa frase o ese verso. No es un hábito recomendable, menos si quien intenta aplicarlo pretende ser editor; yo me arriesgo. Ocurre que mis búsquedas no necesitan razones, sé lo que quiero leer, sé hasta dónde puedo acercarme con un libro.
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Ahora que la poesía comprometida, social o política es escasa, y lo publicado son estornudos bílicos (no bélicos), en su mayoría prosa, de escritores que se declaran radicales, y que los espacios por donde transitan se infectan con posiciones ideológicas de la peor izquierda (a veces ni eso), es casi un milagro encontrarse con un hallazgo como este: Les dije: tomen nomás. Yo pago hasta la corrupción. / Les regalé el poema capitalista; / les dije: ése es el poema del mundo. Se trata de TECNOPACHA (Editorial Zignos, 2008), el primer libro de poemas de Oscar Saavedra Villarroel (Santiago de Chile, 1977).
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TECNOPACHA es el primer volumen de un proyecto escritural político totalizante al que Oscar ha denominado dOPING hISTÓRICO, constituido por cinco libros cuyos nombres prometen: ESPUNKAS y PAISCIDIO, por citar a dos de ellos. Chile, que goza de una de las más vigorosas literaturas, tiene en poetas como De Rokha, Parra, Rojas, Millán y Zurita los referentes de la última poesía que novísimos como Diego Ramírez; Pablo Paredes, Rodrigo Gómez y Héctor Hernández, están escribiendo. Citaba con ellos una línea que hace suyo el discurso comprometido, se trata de escritores que no callan pese al filo de los sables con el que destajan sus ansias por otro modo de convivencia. No huyen a lo social, lo toman; no se refugian en sus dramas internos, los dotan de una lengua colectiva. Algo que en Perú no se lee desde la década de los noventa. Pasando por Romualdo, Valcárcel, Scorza, el primer Cisneros, Hinostroza, Hora Zero, kloaka y Neón.
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La pregunta es qué ha pasado para que en nuestro país no hallemos un solo verso de la última promoción de escritores que se duela del hedor que ha invadido nuestra escena y que por supuesto salpica a todos los estratos. Alberto Alarcón, el genial poeta piurano exige en uno de sus poemarios, que aún mantiene inédito: Haz de tu grito un lanzallamas. Señala el sitio de la podredumbre. Yo he tenido que ir hasta Santiago a escuchar el sonido de ese lanzallamas: Supe que la identidad no era sino un puñado de polvo / que casi era imposible soñar y escribir con las manos atadas por el aire.
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Hay poesía en nuestro país, poesía de primerísima factura, pero supongo que si bien hemos tenido nuestros muertos en la guerra contra los terroristas que se levantaron en nombre de Marx y Mao, ni siquiera la década siniestra de Alberto Fujimori ha sido suficiente baño de sangre para dolernos e involucrarnos en proyectos que trasciendan lo exclusivamente literario.
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En la última promoción de poetas chilenos la escritura política es casi su eje; desde posiciones homoeróticas como la poesía de Diego Ramírez hasta la casi militante (o activista) de Pablo Paredes, donde acaso eso que las cruza es el tono niño/fiera, niño/autista (pienso en La Ciudad Lucía de Paula Ilabaca) que perturba a cualquier ojo ávido por la sorpresa y el desgarro, o Grasa de Gómez, impecable manifiesto contra el vértigo y el tedio de los habitantes de la urbe.
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Me tiraron piedras cuando depositaron sus tarjetas en mi bolso. / Me tiraron corazones cuando les mostré una AFP / y lo que podrían hacer con sus dineros. / Me volvieron a tirar piedras cuando les dije: la solución está en la cabeza. / Me tiraron corazones cuando llegó la ambulancia / financiada por privados. Con esta crueldad que linda con lo irónico, Oscar Saavedra nos ubica frente a una cartografía sobre la que nos perdemos hasta chocar con nuestro propio reflejo.
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"Lo que TECNOPACHA busca en tanto libro, es la consecución del poema capitalista que como tópico aparece una y otra vez entre sus versos. La ironía está en que pese a su feroz crítica contra el Capital, nuestro poeta parece ser el único capaz de lograr ese poema. Y esa es la gran contradicción que siempre entraña la buena poesía." Señala Róger Santiváñez en el prólogo del libro.
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Sin ánimo de pontificar, estoy convencido que este libro es el primer documento que asume la lengua de esta Latinoamérica desgarrada y ansiosa que dice al fin lo exacto, a diferencia de otros intentos que se pierden con la piroctecnia de la retórica efectista. Por eso TECNOPACHA es un libro fundacional, con él recuperamos al poeta épico, al artista como crítico de su contexto. Derepente me metí en la fundación INTI que decía llamarse así / por ser los creadores de las vanguardias / y pregunté por las becas que nacían de los muertos. / Tienes que enviar un plan, una estrategia, me dijeron tan Gabys. / Agarré mi tan apreciado portafolios y lo vacié sobre sus venas mesas. / Les dije: tengo el talento quebrado de los sueños. / Sal de aquí Mapocho, me gritaron, sal de aquí pendejo oxigenado./ Y me marché como todo un indio oropelado, un neandertal / a las puertas del subdesarrollo.
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TECNOPACHA tiene la virtud de conmovernos, nada queda en el aire, todo se pronuncia como un himno ancestral que hemos venido repitiendo silenciosamente desde siempre, por eso aquí la boca, su boca, se levanta como un fakir para lanzarlo como un graffiti posmo sobre la ciudad incendiada, sobre la ruta andes por donde acabo de circular al leer por quinta vez este maravilloso informe. Supongo que ni Oscar ni yo imaginamos ese lejano 2006, en Santiago de Chile, que nuestras literaturas iban a cruzarse, supongo que tampoco imaginó confiarme el primer volumen de su dOPING hISTÓRICO, yo empecé a seguirle la pista cuando editamos ANOMALÍAS (2006), ahora que tengo en mi poder PACHAS, el segundo volumen de su proyecto, confirmo, una vez más, el vigor de aquellos libros escritos con ese vino rojo que reclamaba Nietzsche.
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martes, 20 de enero de 2009
DESIERTO, ROCÍO Y SILENCIO
realizado en diciembre en la ciudad de Valdivia.
En este breve itinerario, seguiré principalmente las ideas de Leopoldo María Panero de su ensayo “Sade o la imposibilidad”, en relación directa y oblicua con Bagual, este primer libro de Felipe Becerra Calderón que, debo confesar, he leído con pasión ya varias veces. Hechas estas aclaraciones paso a comentar.
En la película Hell Boy 2: el ejército dorado (2008), mientras se desarrolla una escena de acción, un aparente niño pequeño es cargado por su (también aparente) padre-demonio. El héroe rojo lo calma para que no se asuste, acto seguido el aparente púber le advierte que no es un niño, sino un tumor. Así como en Hell Boy 2 este “niño” imposible, ya citando a Panero, “rompe con la ley de la reciprocidad que incluye todo vínculo social”, en Bagual la locura de la madre descrita en la voz-tumor de los niños que no vivieron allí en 1980, que no vivieron en ningún pueblo ni en ningún desierto, subraya el asomo a la desaparición de todo lo narrado: “si nos escuchan decir cosas, no nos crean, eso no es verdad” nos dicen, justo antes de dar cuenta de cómo Rocío “se fue oscureciendo” hasta su “noche negra negra”.
Exceso en la voces de estos niños-monstruo nonatos concebidos por un ángel-monstruo (Rocío/rocío en el desierto), exceso subrayado por la austeridad del desierto, austeridad plagada de excedentes, de imposibles: espejismos, violencia y la nada, donde esta voz-tumor va también alucinando, superando el desierto y lo narrado en él, desnaturalizando lo real, el relato mismo. Así y todo el relato es relato y se constituye bajo la forma de un libro llamado Bagual, el relato existe en el lugar inexistente de la escritura, que es el habla que enmascara “la muerte por lo que todo existe” dice Panero. Estos niños-monstruo, sus voces, sus visiones, sus mentiras (su escritura), en tanto sueño de Rocío, en tanto escritura, en tanto alucinación febril son todavía permisibles.
Mientras el ritual secreto de Molina es la obsesión por registrarlo todo en su libro de guardia, como trinchera ante esa mancha, aquello que presiente y lo atemoriza, que en “un principio semejaba la silueta de insectos enormes”. Un acto de fe en el “triángulo de la ley”(Panero) basado en la sintaxis escrita, en ese hilito “que sirve a los hombres de sustituto, de cordón para asegurarse, sin lo cual no gozan, que la vieja madre está siempre tras ellos, mirándolos hacer falo”(Cixous). Ella, Rocío, vaga hacia lo imposible, no de otra escritura como querría Elene Cixous, sino al desborde en el ayuno (“el declive” como ella lo nombra, “la podredumbre” como ellos le llaman). El resabio de fe de Rocío son las voces de sus niños (sus fantasmas), violencia contra sí intento desesperado por levantar el vínculo perdido con el “Otro real”, como intento radical (porque no hay nada que perder) de superación de la violencia, de la muerte, “un gesto que, porque hace añicos el núcleo mismo de nuestra identidad, no puede aparecer sino como extremadamente violento” (Zizek, S).
Carlos y Rocío, desvinculados entre sí, renuncian al despropósito, porque el apenas resabio de fe desaparece ante el destino que es uno, ante el tormento que es uno. Carlos se rinde, espera a la mancha que “era un niño, de siete a ocho años, de la mano de un perro erguido sobre sus patas traseras”. Carlos se rinde, se deja llevar por el perro que canta en su locura que es también la de Rocío, lo que ella elige.
El temor que siente Rocío al mundo circundante, al modo aprendido de ser en él, se trocará en la renuncia a todo orden, desorden en ese (aparente) orden de violencia y muerte. Rocío será ahora quien ríe, el temor en los otros, el advenimiento de su locura, lo realmente imposible: el silencio, donde el cordón-hilito de la escritura no es lugar donde guarecerse, porque no hay lugar donde guarecerse en el silencio. Cito casi el final de Bagual:
“El silencio aquí es lo que más duele. Y tú lo sabes, madre. Por eso dinos cualquier cosa. Dinos al menos que tu lengua se ha hecho un nudo, Dinos que estás muda o muerta y que no quieres escucharnos. Pero dinos algo ahora, una palabra que alimente nuestra sangre, nuestra sangre que la ahoga este cordón y se nos pone más y más amoratada”.
(La Ligua, región de Valparaíso, Chile, 1979)
martes, 13 de enero de 2009
Fotos de la presentación de DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR de CALO
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Afiche de promoción en la puerta de ingreso al Jazz Zone.
Harold Alva, compartiendo sus apreciaciones sobre esta nueva carrera.
Gabriel Rimachi, desmenuzando capítulo por capítulo, ha prometido públicamente correr hacia León Dormido este verano. Hagan sus apuestas.
Calo en el micrófono. Úrsula, su esposa, feliz al frente lo miraba hipnotizada.
Calo, leyendo un capítulo de DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR. Rimachi, atento.
Harold, de pie en el micrófono, antes de levantar su copa para brindar por este regreso.
Nuestro autor, rodeado de sus hinchas quienes hicieron cola para llevarse un autógrafo.
Calo firmando autógrafos.
Firmó varias decenas de libros. Nosotros le preguntamos si le dio calambre, él jura que no.
El grupo en pleno, Florcita después de anunciar lo que vendría en la noche, Harold, Miguel Ruiz Effio, el autor de La habitación del suicida, Calo, abrazando a Úrsula, su esposa; Roxana, personaje cómplice de la ruta del león y, Gabriel Rimachi Sialer.
lunes, 12 de enero de 2009
NO VALES UNA BALA de MICHAEL JIMÉNEZ MELCHOR
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Héctor Ñaupari
Karina Valcárcel
.Michael Alberto Jiménez Melchor. Lima 1981. Además de criar gatos, escribe para no darle gusto a la tristeza. Radica en Villa el Salvador, esquina desde donde nos ataca con sus versos y reseñas a través de su bitácora:
http://www.angelesdelpapel.blogspot.com .
No vales una bala es su primera publicación.
lunes, 5 de enero de 2009
Jueves 8 de enero: DESPIERTA EL LEÓN
.EDITORIAL ZIGNOS lo invita a la presentación de la novela DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR, primera obra de Carlos Martín Campos Aboado (Calo). Los comentarios estarán a cargo de los escritores Harold Alva, director fundador de Editorial Zignos y Gabriel Rimachi Sialer, director de Editorial Casatomada. Modera: Flor Béjar Bustamente, directora de Zignos. Dicho acto se realizará el jueves 8 de enero de, presente en las instalaciones del Jazz Zone, ubicado en Av. La Paz 656, Altos, Miraflores. Lima. A horas 7:00 p.m. Lo esperamos.
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.Carlos Martín Campos Aboado (Calo). Lima, 1969. Ingeniero, egresado de la Universidad Particular Ricardo Palma. Ha trabajado en Perú, durante 15 años, en empresas de la industria de las telecomunicaciones. Desarrolló su interés por escribir desde sus épocas universitarias, a través de sus diarios personales mientras hacía campamentos, excursiones y viajes al interior o exterior del país. Fue piloto privado del Aeroclub de Collique (Lima), donde también practicó el paracaidismo. Es corredor aficionado a las carreras de fondo (maratones). Desde la práctica de esta actividad, nace Despertando al León del Sur, su primera novela.
sábado, 27 de diciembre de 2008
LA PRIMERA NOVELA DEL ALGO QUE SE TERMINA
.Decir que cada obra deslumbrante es un nuevo género es acá un lugar común, pero definitivamente lo es. No tengo en la memoria haber leído una novela así escrita por alguien tan joven. Sólo me queda seguir confirmando que esta nueva generación de poetas y algunos narradores post2000 traen un nuevo aire y una nueva distancia con respecto al mismo quehacer literario.
La miseria de la narrativa chilena postdictadura queda aquí ejemplificada hasta un nivel en que se confunde la vergüenza ajena y el furor de estar frente a un texto que no sólo logra una escritura impecable, sino que además pone en tensión la tan de moda ciencia ficción chilensis, en la cual muchos han visto un nuevo nicho del mercado editorial.
Con esto no quiero encasillar a Bagual, ni siquiera me atrevería a exponerla como novela, sino que como el género en sí mismo que es la ficción. Así, sin más. Ficción que tanto Felipe como yo sabemos es un intermezzo para que la escritura cobre vida y nos narre el grado cero de su desaparición.
Dividida en 20 apartados, Bagual comienza con un arácnido coro de voces abortadas desde el infierno mismo que es haber perdido la esperanza, y es desde allí que empieza a construirse a Roció, imagen fantasmal de una inquieta mujer que cruzará su vida con Carlos Molina, el joven teniente de Carabineros trasladado a Huara en el norte chileno. Allí una serie de hechos comenzarán a inquietar a los personajes como a quien lee, pues en ese desierto, límite entre la civilización y la nada, el delirio interior se convertirá en un nuevo paisaje que esta vez será un límite entre la barbarie y el devenir animal de quienes allí viven.
Uno de los ejes de la narración es el hecho de que Rocío aprende a manejar y se desplaza en ese limbo, en ese bestiario sicológico de cada uno de los personajes que poco a poco van apareciendo. Luego, una película que ven es el detonante para que ese viaje se torne hacia dentro de sí. “El Planeta Rojo” era el nombre del filme, y es en esta proyección en que los mundos se trastocan y ya no se sabe que es el allá y el acá.
No adelantaré más de la historia porque a algunas personas les gusta irse asombrando con los sucesos, pues creen que existe la progresión. Yo insisto, en especial, con este tipo de obras que el final y el principio son meras casualidades, y que todo lo que en literatura se dice existió, existe o existirá.
No quiero dejar de decir otra vez la profunda conmoción que me produjo este libro, más bien una especie de desconcierto ante una ficción brillantemente construida desde sus territorios, sus diálogos, sus desvíos y desvaríos. Felipe Becerra se pone a la cabeza de algo, no sé de qué, pero eso lo responderán mañana nuestros antepasados lectores.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Presentación de BAGUAL de FBC
lunes, 1 de diciembre de 2008
VIERNES 5: PRESENTACIÓN DE BAGUAL, PRIMERA NOVELA DE FELIPE BECERRA CALDERÓN
.El libro estará a $5000, precio de lanzamiento
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Felipe Becerra Calderón: (Viña del mar, Chile, 1985) estudia licenciatura en letras en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha participado en el taller de novela de Jaime Collyer, en el taller de poesía de Héctor Hernández Montecinos y el taller de cuento de Alejandra Costamagna. Ha obtenido el Primer Premio en el Concurso de Creación Literaria Joven “Roberto Bolaño” en las categorías de Cuento y de Novela 2006 y la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en la Categoría Novela 2008. Ha participado en variados encuentros de poesía joven como Violento Sur, Bonsái, Perros Héroes, Riesgo País, Autores de Noche y Sur Itinerante. Forma parte del Colectivo apuntes/ amputes.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
En la ruta del LEÓN DEL SUR
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Úrsula y Florcita en Crisol, del óvalo Gutiérrez.
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Úrsula y Roxana (escribe poesía) en Ksa Tomada.
Fotos: Harold Ava
lunes, 17 de noviembre de 2008
La gira de TECNOPACHA (Editorial Zignos, 2008) del poeta Andesground OSCAR SAAVEDRA VILLARROEL (Santiago de Chile, 1976)
Nuestro poeta en la feria del libro de Santiago de Chile..
Milton Leiva, uno de los más entusiastas promotores de Tecnopacha, reposando junto al poemario en plena travesía..
El poeta Oscar Saavedra, en una de las primeras presentaciones de su libro, como quien demuestra que más allá del golpe, los poetas también guardan lugar para la risa..
Aquí una joven posando sonriente con Oscar.
En firma de autógrafos..
Presentación de Tecnopacha en la Universidad de Concepción.
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Greta Montero presentando TECNOPACHA en la Universidad de Concepción.
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Cristián Lagos en el Centro Cultural El Artefacto.
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En trance poético, en el Centro Cultural El Artefacto.
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TECNOPACHA en el Festival de Yungay. (Chile)
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sábado, 15 de noviembre de 2008
DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR de CALO
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Un lector busca encontrarse en toda historia, es inconsciente, siempre es así. Cuando inicié mi carrera sobre los kilómetros de DESPERTANDO AL LEÓN DEL SUR, no intuí cuán certero sería el mensaje, las pistas, las señales que harían de este acto una especie de meditación para reencontrarme conmigo. Puedo afirmar que se trató del libro necesario y correcto en el momento adecuado. Ahora, recorridos sus sesenta kilómetros, aprendido el lenguaje de los pájaros marinos –con el que inicia y termina la narración– confirmo que la literatura no descansará nunca en su afán por conducirnos, más allá de la intención de los autores, por una ruta que, como aquí, estará ligada al deseo de alcanzar una meta. La vida finalmente es eso: un objetivo cuyo sentido radica en trascenderla para derrotar a la muerte. Estoy seguro que aquellos que se atrevan a despertar al león del sur, acudirán a ese kilómetro 20 de donde partió Calo para, por qué no, escribir su propia historia.
Harold Alva
viernes, 14 de noviembre de 2008
Tecnopacha y la memoria degradada
.(Presentación de Tecnopacha -Editorial Zignos, 2008- Universidad de Concepción)
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Es una poética que juega, dentro de los espacios degradados del cuerpo colectivo de las ciudades, con el estereotipo de las ideologías totalizantes, el marketing y la farándula, en una odisea del delirio que se orienta a desmantelar sus discursos ad-hoc, entre otras cosas.
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les dije a sus habitantes: «he aquí lo que les puedo ofrecer».
Me tiraron piedras. Me gritaron neoliberal.
Me encasillaron en un demente anárquico
(según los contextos en donde anduve).
A los veintitrés años supe lo que era parir sin útero,
dejar sin semen mis testículos.
Supe que no quería descendencia,
que solamente la fama me haría símil
a una estrella hollywoodense
de la historia de vuestras histerias.
En: [Lectura visual/ visceral de mi valle]
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Óscar Saavedra no es uno de esos poetas autistas tras un afán totalizador ni mucho menos integrador. El suyo es, más bien, un texto de las evidencias (de lo que hay nomás pareciera decir, lo que tenemos) que crea hábitats, enclaves, al mismo tiempo que crítica una memoria de alucinógeno en una tierra anoréxica, como se menciona en varios poemas. Los Pachas son personajes, habitantes de la tribu del mundo; es decir, refracciones del colectivo. El país (Chile) es una institución, donde las Intis pueden formar parte de su “panóptica” u organismo disciplinar como cualquier otro elemento. El territorio es aquí un cuerpo fracturado, cuyos miembros están tan repartidos por las cloacas del Mapocho Center como dispersos por las urbes del mundo occidental. El poeta escribe sus versos sobre rocas de cemento y nos habla de un capitalismo moralizante y desquiciado:
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de mis ideas. Entonces me puse a escribir el poema capitalista,
el poema que sería regalado por las calles como un nuevo
corazón, como una nueva tierra ingerida por los ojos y los labios
llameantes de la luna. (p.44)
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Respecto a su visión de la Historia, el poeta, al igual como lo hace Gabriela Mistral en su ensayo “Breve descripción de Chile”, hace una relación de la historia del país contándonos sobre su geografía (tierra y paisaje). Sin embargo, lo que para ella significa evidenciarla mesiánicamente como la creación a cargo de unos pocos, para el hablante de Tecnopacha significa la expresión de la base narcótica de un reaccionario nacionalismo.
La visión de América nos recuerda, en la idea de “una nueva tierra”, el siempre acariciado, pero también escupido sueño americano; nos retrotrae a la antigua representación de América como el paraíso y la bíblica tierra prometida. Es la latente esperanza de construir una nueva memoria colectiva y, en consecuencia, hacernos partícipes de una identidad mestiza que en nuestro día a día continúa siendo borroneada, desvirtuada, desdibujada y que, por eso mismo, representa, como se explicita en la expresión de varios versos, “El ethos maldito de mi valle”, como parte del ser mismo del hombre.
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jueves, 13 de noviembre de 2008
EL REALISMO TRÁGICO DE ALAN MILLS
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Sin embargo, hubo una generación posterior que pensó que esta escritura «real maravillosa» de García Márquez no era definitivamente verosímil, ya que en las mismas narices de Macondo, existía un país ensangrentado en la violencia, tanto por parte del mismo Estado como por las Fuerzas Armadas y el terrorismo, la que aunada al narcotráfico y ésta, a su vez, a la miseria, el pandillaje y el sicarismo de las grandes urbes, hacían, no sólo de Colombia, sino también de casi toda Centroamérica continental, un territorio sangriento y terrible, casi imposible para seguir habitándola.
Es así que los nuevos escritores (como el colombiano Gustavo Bolívar) crearon lo que luego llegó a conocerse en la literatura latinoamericana como «realismo trágico» —aquí, literatura de los años de la «violencia política»—, pues ésta estaba totalmente desligada de esa excesiva verbosidad, y sin los efectos dramáticos con los que se subrayaba, en las antiguas novelas, lo que se pretendía trágicamente superior, puesto que en sí, lo trágico (violencia, y sólo violencia), finalmente, era el asunto que el novelista del «realismo trágico» quería retratar en su obra.
Y es desde esta perspectiva que Alan Mills (Guatemala, 1979) —utilizando los recursos del lenguaje popular y una «retórica callejera»—, nos da cuenta de la “realidad” de su país y parte de los extramuros centroamericanos (como la frontera mexicana por ejemplo): «me violaron pero quién me va a creer, pinche puta que soy, me levantan, conmigo está su purrún, su chinique, en este pellejo les gusta divertirse y apagar sus cigarritos, en serio que siempre me sentí fea, bien hecha mierda, y ahora estos cabrones viene a decirme: mire manaíta usté tranquila, en gustos se rompen géneros y en petates buenos culos, ve qué de ahuevo, por tanto daño apenas y me acuerdo de lo que decían, […] cómo miarde adentro, igual yo sólo les aviso que ya estoy panzona, cerotes, y que a este hijo le voy a poner carlos julián porque son los dos nombres que recuerdo: dale duro julián, pasala carlos, hacela mierda, te toca julián, sí, dos nombres nomás, pero yo sé que sus tatas fueron al menos cinco, tal vez seis chantes culeros, ay, noche más pisada, si los miro me los quiebro, juro que nunca voy a dejar que te digan hijo de la gran puta, no mijo, no mi carlos julián (p. 10)».
Y es también con esta impronta coloquial, latente en casi todo el libro, que Mills pretende ser cosmopolita —y posmoderno a la vez— para, sólo así, poder comunicarnos el retrato de una realidad social absolutamente violentísima e inhumana. No en vano el filósofo argentino Tomás Abraham postuló el concepto de «realismo trágico para dar una idea del modo en que los nuevos tiempos incidían en la conducta de la gente»; y, puesto que este «realismo moderno no depende de dioses, sino que es un realismo del cálculo de las cosas, pero con un perito mercantil alado (T. Abraham)», —es decir, del libre mercado con su ángel salido de ese capitalismo salvaje del que hablan los marxistas— el discurso trasciende, justamente en una postura casi sociológica más que literaria.
Ahora bien, dado que «los nuevos sujetos del poder son los capitales (Ibíd.)», al fondo siempre quedan los excluidos, los sin tierra, los que no tienen casa ni palabra, y, sobre todo, los inocentes; por eso Mills nos dice: «conozco otro pueblo, uno donde los niños ríen al caer la noche, están bien muertos pero risa y risa, travesiean con los chuchos que nunca tuvieron, se han echado encima una sábana de tierra que saben quitarse para soltar sus barriletes etéreos […]; sólo el ruido interpretaría con soltura la cantidad de silencio que expele una aldea fantasma, por eso la risa confiada de los niños al anochecer, por eso juegan entre el limo y no miran su sangre, esto va a persistir, nuestro destino es manifiesto, lo dice con llanto el Corazón del Cielo (p. 11)».
De ahí que, dejando todo atisbo de artificio metafórico, y por comedido que este ejercicio sea, el poeta utiliza atajos de rudeza, para que, de esta manera, no se altere la traumática realidad que crudamente evoca: «una tarde hermosa, afuera, en la pila de lavar, miré sin querer a cierto pariente mío ultrajando a la muchacha que enjuagaba la ropa, quedé paralizado, iluso quise imaginar algún alivio para ella, no era mucho el ruido, su boca mordía un trapo medio mojado que irradiaba dolientes burbujas engarzándose desde ahí hasta los cielos más desconocidos (p. 20)».
Sólo así, —en esta (y con esta) violencia explícita—, el poeta logra obtener una “pérdida repentina del conocimiento y de la sensibilidad” para postular un origen, es decir, referirse al sexo, (en un proceso de degeneración, en todas sus manifestaciones, tanto consentida como forzada) como una constante primigenia de la violencia, como si a través de él se engendrara todo atisbo de violencia; por ello el sexo se vuelve un trauma: «esas mujeres con sus vulvas chispeantes: flores del mal para este ensueño que muere (p. 21)», del que uno no prevé consecuencias: «por donde debiera pasar el tren no anda tren ninguno, ahí más bien desfila la sífilis, el vih, las diosas del papilomas y demás, ningún piano blanco en esas casuchas de orillera, ningún libro de cabecera para estos galpones polvosos, nuestros vagones abandonados anuncian que nos fracasó el hierro y de noche me siento ciudad no realizada transpirando a través de las llagas de sus putas, esqueleto vacío de volarse en su carne perdida (p. 14)». Es así como desde el inicio del texto hay una especie de autoinculpación: «me voy manchando, cualquiera diría esta noche no floreceré, toda calentura ingresa por un halo de luz desvanecida, tal música oscura y genética, mi situación presente no permite que me conmueva, iré sin freno hasta el fondo, cómo no voy a desear este desahogo si me enredo en la dislalia, quiero un habla, esta tensión es la única cosa que se suaviza en la medida del viaje (p. 9)», la misma que junto a todas estas imágenes truculentas de este «extraordinario poema de una violación permanente y, a la vez, una de las muestras más feroces y alucinadas de la gran poesía latinoamericana de hoy (Raúl Zurita)» descritas en 19 páginas terminan por enfermar, digamos traumar, mentalmente al protagonista: «doctor, doctor, / voy a contarle algunas cosas, / COSITAS / que quisiera olvidar pero no puedo (p. 29)».
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Alan Mills
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Síncopes, 36 pp./ Alan Mills / Lima, Editorial Zignos, 2007
Fuente: http://latorredelasparadojas.blogspot.com/2008/11/el-realismo-trgico-de-alan-mills.html
martes, 28 de octubre de 2008
Sobre ANOTACIONES de Daniel Maguiña Contreras y PLAQUETA PARA MARÍA de Omar Rosario Rodríguez (Ed. Zignos, 2008)
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Yo le agrego las palabras “compromiso”, “solidaridad” y, sobretodo, “comunicación”. Da la impresión que nos hemos perdido, que hemos dejado de ser esa mixtura sociedad / individuo, entonces necesitamos reconstruir ese lazo que unía al poeta con su entorno, necesitamos reconstruir ese puente para olvidarnos del individualismo que ha hecho escritores como islas. Pero necesitamos recuperar el significado de las palabras.
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Daniel Maguiña Contreras
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Hace cuatro años conocí a Daniel Maguiña Contreras, por aquel entonces yo editaba la colección El Malhechor Exhausto (3), el último de los autores publicados había sido Alex Alejandro, miembro del Grupo Jade (4). Daniel, al día siguiente me envía sus poemas, me envía el “Capítulo T”, un conjunto de textos en prosa cuyo eje temático era el amor, pero el amor en tono sabinesco, no el amor cursi, sino el amor irónico, el que realmente duele, el que le obliga a la mano escribir algo para no marcar el teléfono de la culpable. Entonces había eso a lo que se refería Zurita, Daniel le devolvía a esa palabrita su significado original.
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Hace un par de meses me confirma que tenía un conjunto de poemas que consideraba publicables, pero no quería editar solo, me habla sobre un amigo con quien había coordinado para publicar juntos: Omar Rosario Rodríguez. Me presenta a Omar vía correo electrónico, después contactamos vía MSN, y Omar me enseña sus poemas. El eje: el mismo, el amatorio.
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¿Qué tenía yo, como editor, al frente? Como poeta: ¿qué tenía al frente? Yo que cuestiono los años sobre los que quieren presentarnos una “nueva generación”, yo que considero urgente devolverle a las palabras su significado real, yo que reclamo a los poetas introducir la calle y su contexto en lo que escriben: tenía al frente a un par de poetas jóvenes que habían escrito en paralelo dos trabajos cuyo tema era el mismo y que querían hacerlo público en dos libros que se presenten como uno. Es decir, comunicados, recuperando ese lazo al que me referí hace un momento.
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Por eso el lanzamiento de esta colección bicéfala de poesía. El modo exacto para presentar en comunión estos discursos arriesgados. Se necesita ser arriesgado para publicar un poema de amor, cuando muchos de sus contemporáneos prefieren la erudición del texto por el texto. Nos pareció atractiva la idea de un libro bicéfalo, sobre todo por lo histórico del término, recordemos a Orthrus, el hermano de Cerbero, de la mitología griega, asesinado por Hércules; o el águila bicéfala de los masones cuyo origen se remonta a la ciudad samaritana de Lagash hasta llegar a los sultanes de Slkujian de donde fue llevada por los cruzados a Europa (5); o la serpiente bicéfala de los mayas, solo por citar algunos referentes.
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ANOTACIONES de Daniel Maguiña Contreras nos ubica frente a un poeta que no se hace problemas para introducir en su registro el lenguaje de la calle, los personajes de la televisión, los animes. Gracias a ese riesgo salva a sus poemas de caer en lo pueril. Si bien le escribe a una mujer o al silencio, su palabra no es la onda dulce que llega como una balada nuevaolera, todo lo contrario, por eso hablé de Sabina. Sus textos son prosas que se valen de los recursos narrativos, pero no pierden el sentido de lo poético. Omar Rosario Rodríguez si bien acude a la prosa poética en PLAQUETA PARA MARÍA, apela también al verso libre preocupado por la imagen. Sus poemas están construidos con un lenguaje que no titubea para decir lo que pretende.
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Gracias a ese compromiso por devolverle a la palabra su sentido -que ubico como parte del proceso para retornarle al poeta su rol social, ese rol que va más allá del sentimiento que sostiene a estos libros- apuesto como editor por estos jóvenes poetas.
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Omar Rosario Rodríguez
1. Estoy preparando DE GOLPE A GOLPE: LA ÚLTIMA GENERACIÓN / ANTOLOGÍA POÉTICA.
2. Entrevista realizada por Miguel Ildefonso para Odumodneurtse, el periódico de poesía que dirigía Álvaro Lasso.
3. Publicamos ocho títulos: M.D.I.H. de Miguel Ildefonso, ARTE RUPESTRE de Roberto Salazar, EL CIELO QUE ME ESCRIBE de Miguel Ángel Zapata, OPÚSCULO DE UN NOSFERATU de Leo Zelada, NAVAJAS de Karl Oharak, CUADERNO DE LUCIÉRNAGAS de Alex Alejandro, BAJO EL PUENTE DE LONDRES de Denis Castañeda y PUTAMADRE de Héctor Hernández Montecinos.
4. El grupo JADE de la Universidad Nacional Federico Villarreal estuvo integrado por Alex Alejandro, Oscar Perlado, Josefina Jiménez y Daniel Maguiña, entre otros.
5. El águila bicéfala masónica, por Iván Herrera Michel, en “Pido la palabra”.
lunes, 27 de octubre de 2008
LA ARMONÍA DE LOS MAPAS de OMAR SALOMÉ
Ingeniero de profesión, Omar Salomé (Tacna, 1972) hizo estudios de literatura en la universidad de San Marcos, donde compartió aulas con el interesante grupo de poetas "Sociedad elefante", conformado por algunos de los más prometedores escritores peruanos de la actualidad. Salomé se hizo conocido como narrador con una serie de muy buenos cuentos que circularon a través de internet, hoy día el más importante medio de difusión literaria. Desde las revistas y foros literarios virtuales, Salomé acaba de dar el todavía imprescindible salto al libro impreso con La armonía de los mapas, su primera novela.
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Salomé nos cuenta la historia de Héctor Berríos, un tacneño nacido en la década del 70 (como el propio autor) y que por eso crece en un mundo en el que el liberalismo salvaje ya se ha impuesto como ideología dominante, con la irremediable pérdida de algunos viejos valores como la honestidad y la solidaridad. Un mundo que además está globalizado y en el que el gran sueño de los jóvenes es precisamente el viaje a Estados Unidos, algo que Héctor logra muy joven, como premio de un concurso entre todos los escolares de su ciudad natal. Esa experiencia se convierte en un hito en su vida, pues lo hace destacar como alguien especial en su grupo de amigos y en su colegio, y además lo lleva a hacer de la competitividad casi su razón de vivir.
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A la manera de American psycho de Bret Easton Ellis, La armonía de los mapas nos muestra todos los excesos a los que puede llevar esa competitividad, la desenfrenada lucha de estos jóvenes por el éxito (laboral, económico, sexual, etc.), desde la frivolidad hasta la completa instrunmentalización de todas las relaciones humanas. Y para hacerlo Salomé apela a las más modernas técnicas narrativas, cambiando constantemente de "punto de vista" y con bien dosificados saltos en el tiempo, especialmente a la adolescencia de Héctor, cuando era un fanático del fútbol y del grunge, ese movimiento de rock contestatario y alternativo de los años 90 que tuvo su mejor expresión en las canciones de Kurt Cobain.
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El contraste entre esta cultura "alternativa" que Héctor vivió en su adolescencia y el frívolo mundo en el que vive actualmente es uno de los aspectos más logrados de este relato. También el buen empleo de los viajes como elementos simbólicos que determinan el paso de una etapa a otra en la vida del protagonista. En el otro extremo, en el de los reparos, diríamos que se hace sentir la ausencia de situaciones que expresen la intensidad de los conflictos que el protagonista está enfrentando. La armonía de los mapas es una interesante novela de formación, además de un honesto testimonio generacional.
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domingo, 26 de octubre de 2008
HELMUT JERÍ Y LA ÚLTIMA ESTACIÓN (Ed. Zignos, 2008)
Hoy, la actividad poética que se vive al interior es sorprendente. Poetas como los trujillanos Jorge Hurtado, Manuel Medina Velásquez, Denisse Vega Farfán, el piurano Luis Enrique Robles, la arequipeña Ana María Flores Núñez , Martín Zúñiga en el Cuzco o César Panduro y Helmut Jerí en Ica, nos demuestran que la poesía late sin frenos y que ese latido cada día se fortalece por la propia fe de estos jóvenes escritores. Sin embargo, pienso que se necesita más de lo meramente literario para transformar este panorama, me refiero al rol político que debe cumplir el poeta. Mientras no haya ese sentido por recuperar los espacios, el poeta será un hombre postergado.
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Helmut Jerí ha escrito un libro en el que circula con destreza por los viejos temas que nos devuelven a la convicción de que el poeta es un sujeto extraño - los seres me miran con temor- Entonces Helmut inicia, para pretender ser objetivo transmitiéndonos su lectura del mundo desde afuera, para poco a poco ir sumergiéndose en él mismo y presentarse como un poeta inusual, bucólico, pero sobre todo, social. Como Washington Delgado en Globe trotter o como Heraud en El río. Helmut con una poética del desencanto ha logrado construir poemas que pueden leerse como himnos cuya fuerza y honestidad no ha sido subordinada a la retórica. Lo importante para el poeta es transmitir el golpe, y el golpe llega de improviso para doler más.
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Cómo no tener confianza a lo que podemos hacer por construir esos centros para permitirle a la gran voz que ingrese. Es posible. Aún nada está dicho, pero depende de los poetas, más allá de la cuestión mediática que, al final, solo los arrincona en las cavernas del ego. La poesía es de todos. Debe volver a ser de todos. A ella nos devuelve LA ÚLTIMA ESTACIÓN.
viernes, 24 de octubre de 2008
Presentación de Plaqueta para María & Anotaciones
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jueves, 23 de octubre de 2008
PARA ROMPER LA CAMISA DE FUERZA (TERRITORIAL) DE LA POESÍA
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Cuando visité Santiago de Chile en julio de 2006 –realizando el trabajo de campo para mi tesis sobre Enrique Lihn- conocí al joven poeta Oscar Saavedra Villarroel. Envuelto en una gruesa bufanda, gorra negra y cuadrados lentes de carey del mismo color, me llamó la atención su conversación chispeante y su mirada de inteligencia avizora. Pocos días después del primer encuentro –junto a otros muchachos de la más reciente generación de poetas chilenos-, tuve la ocasión de escuchar su poesía, por él mismo leída, en un evento escenificado en la SECH. El impacto fue rotundo en mi fuero interno y en el del público asistente, retumbó la fuerza atávica de un canto que evocaba la historia y dejaba percibir una nueva tonalidad épica en su desencadenamiento rítmico.
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En efecto, distintos momentos históricos eran tomados por esta poesía, para configurar un corpus verbalis que desde una perspectiva posmoderna, nos ponía en situación de trance y crítica contra todo el orden establecido. Tras la lectura, en la terraza de un bar en Bellavista, Oscar Saavedra me mostró los originales de su libro, entonces denominado dOPING hISTÓRICO. Celebramos –siempre con su mancha generacional- hasta altas horas de la madrugada. Así pasaron los meses y en abril de 2007 volví a la capital chilena para un Congreso Peruanista, y esta vez nos las ingeniamos para entrar con toda la mancha (que no tenía invitación) a la Embajada del Perú en Santiago donde se efectuó una rociada recepción. Aquella noche Oscar Saavedra volvió a leerme nuevos fragmentos de su libro en proceso de escritura.
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Y finalmente aquí está la obra terminada. Su título actual es Tecnopacha y se nos presenta como el primer capítulo de dOPING hISTÓRICO, que ya queda entonces como el membrete general de una creación mayor. Entremos entonces al análisis de este libro.
Lo primero que podemos decir es que con Tecnopacha vuelve la poesía-discurso, de singular tradición en la poesía chilena. Baste recordar a Pablo Neruda y a Raúl Zurita. Estamos ante una especie de gran manifiesto construido en verso, aunque de vez en cuando nos encontramos con viñetas de prosa poética. La voz aural está encarnada en la primera persona, la cual provista de rotunda ironía va confeccionando un hilo discursivo sintetizado en reminiscencias vanguardistas que van desde el creacionismo hasta el movimiento beatnik, en un afán totalizador e integrador –una especie de inmenso retrato del capitalismo postmoderno y contemporáneo desde Chile- como si se quisieran agotar todos los temas de esta posibilidad.
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estaba tan ola/playa que cuando los vi
mis ojos/sol fueron hielo sangre de mi
estrella nativa
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[ a los 6 días de setiembre de 2008,
a una hora de Princeton University ]

